El conocimiento en los griegos

Por Giuliano

29 noviembre 2020
Sófocles aborda el tópico del dolor propio de la tragedia griega con diferentes matices. El dolor como un camino necesario, es decir, los padecimientos que se sufren para alcanzar algún grado de sabiduría y algunas revelaciones ya sean sobre el mundo o el propio yo. Vamos a recorrer la obras:  Edipo Rey, Áyax y Edipo […]

Sófocles aborda el tópico del dolor propio de la tragedia griega con diferentes matices. El dolor como un camino necesario, es decir, los padecimientos que se sufren para alcanzar algún grado de sabiduría y algunas revelaciones ya sean sobre el mundo o el propio yo. Vamos a recorrer la obras:  Edipo Rey, Áyax y Edipo en Colono.

El Mito

Frente a la falta de hijos en el reino de Tebas, por entonces en manos de Layo y de la reina Yocasta, Layo decide consultar al Oráculo de Delfos y recibe un vaticinio que le advierte: si tiene hijos su destino es morir asesinado por su propio hijo. Layo después de engendrar un hijo con Yocasta  le encargó  a un pastor que lo matara pero a este le dio lastima el niño y se lo entrego a otro pastor que pertenecía al reino de Pólibio a quien fue entregado el niño finalmente. Pólibio y Peribea lo adoptaron  obligando al pastor a guardar silencio; Edipo crece sin conocer nada de esto. Su entorno lo ve desarrollarse con características de héroe; la envidia y el resentimiento  se apodera de ellos. En una fiesta, un compañero de Corintio, que conocía la historia de Edipo le dio a entender que no era hijo natural de sus padres. El agravio surte efecto; Edipo busca aclarar su origen consultando al oráculo de Delfos y se encuentra con el mismo vaticinio que recibió Layo salvo que a él le tocará saber que va a matar a su padre para más tarde consumar el matrimonio con su madre. Intenta torcer el destino y sin regresar a Corintio emprende el camino de Delfos a Daulia pero en un paso estrecho de una encrucijada, Edipo se encuentra con su padre Layo que se dirigía a Delfos en busca de respuestas para aliviar a Tebas de la Esfinge que sometía a la ciudad. El encuentro de estos dos desconocidos termina con  una pelea en la que Edipo mata a toda la comitiva real salvo a un hombre que logra huir y avisar en Tebas que el rey y sus hombres habían sido asesinado por unos salteadores de caminos. Cuando Edipo llega Tebas se entera que la ciudad se encuentra amenazada por la Esfinge y se enfrenta para salvar la ciudad descifrando el enigma: “¿Qué criatura cuando niño gatea en cuatro patas, en su juventud anda fuerte sobre dos pies y en la vejez se apoya en el Bastón?” Al vencer a la esfinge resolviendo el acertijo logra liberar a Tebas del monstruo y obtiene como don a la reina Yocasta sin saber de quien se trataba, del vínculo nacen cuatro hijos: Etéocles, Polinices, Antígona e Ismeneo. Estas acciones fueron castigadas inexorablemente y Tebas es azotada por una peste. En este punto Inicia el drama de Sófocles.

Las obras

Áyax

Áyax, el hijo de Telamón es un guerrero aqueo de excelencia y una vez muerto Aquiles, sus armar deberían haber pasado al guerrero de más valor y arrojo en la batalla que era sin dudas Ayante pero en lugar de recibir este honor es Ulises quien las recibe. Esta entrega de armas es arreglada en un juicio previo que Sófocles no cuenta. La tragedia comienza con la narración de Atenea dándole cuentas a Ulises de lo que ha hecho Áyax, enceguecido por la afrenta, dominado por una furia vengativa ha arremetido contra el ejército de los griegos. Pero Atenea trastoca en acto demencial la voluntad de Áyax que sin juicio descarga su brazo poderoso contra ovejas y carneros, imagen que repite Cervantes en su Don Quijote. Esta segunda afrenta imperdonable que sufre el héroe es definitiva, será enemigo de los griegos que se burlaran de él destruyendo su moral incluso intentaran mancillar su cadáver. Áyax se precipita por la pendiente del envilecimiento con sus actos demenciales.

Para Áyax el dolor aporta ninguna sabiduría pero es tan definitivo que lo obliga a cancelar su existencia en ese punto. Enterarse que ha sido marioneta de Atenea y que ha sufrido una humillación que lo hunde en la ignominia hace que madure en el héroe la decisión de quitarse la vida. A diferencia de Edipo, que si bien su tragedia tampoco tiene salida ya que tarde se ha enterado que es el asesino de su padre y amante de la que le dio la vida, opta por la purificación del exilio, es desterrado, donde más tarde será digno de algún perdón de los dioses.

De manera similar le sucede a Áyax, ha sido humillado su honor y surge de esta tragedia como un héroe más sabio y con mayor aplomo. Si bien es cierto que la presencia escénica de Áyax es inferior en relación a la de Edipo  el personaje evoluciona y se muestra esférico para decirlo en términos modernos. El dolor que provoca la insoportable realidad oprime su existencia y hace que Áyax se torne mucho más sabio, la decisión final de quitarse la vida le da un tenor filosófico, ya que de nada vale vivir sin honor como le explica Sócrates a Critón cuando este le propone fugarse para seguir a tierras de una moral más laxa. Sus palabras reflexionan llenas de dolor pero también de coraje, propias de un guerrero que se ha enriquecido con el padecimiento que le ha tocado tal vez injustamente. El Áyax de Sófocles alcanza una sabiduría que supera en este sentido al brioso y valiente héroe homérico. A diferencia de la tragedia de Edipo para Áyax no hay solución transitable o mejor dicho purificación que haga posible una vida posterior a la ofensa. Prefiere detener allí su existencia y no arrastrarse degradado y enfrentar a su padre que le ha confiado el honor de la familia. El héroe muere solo, eligiendo el suicidio como un acto que confirma la libertad de su yo, la plena determinación de sus actos que cesaran y con ellos el dolor. Edipo alejado de todos en Colono siguiendo las señales divinas se entrega a su muerte en paz.

El héroe debe realizar un camino hacia el conocimiento, cumpliendo con la sentencia del Oráculo de Delfos: conócete a ti mismo. Dicho conocimiento se llevara a cabo a través del padecimiento y el dolor del héroe que busca esclarecer todo lo referente al crimen de Layo. No es que los demás trágicos griegos no hayan aportado a este tópico pero sin duda ha sido Sófocles el que ha planteado en términos más definitivos el problema del conocimiento del ser y el dolor que entraña su resolución. En dicha tragedia se manifiesta la búsqueda apolínea como lo señala Leandro Pinkler:

Y es Apolo, con su simbólica cognoscitiva –y el saber ocular délfico de Tiresias– el dios de esta tragedia. Hay que señalar que en todo acontecer trágico además de los dramatis personae, los personajes del drama, se puede verificar la presencia actuante de un ser numinoso, una deidad, como Afrodita en Hipólito de Eurípides, Hades en la Antígona. Y este numen marca el imbricado simbólico – “el imaginario” según se dice actualmente– en que se desarrolla el hecho trágico. Apolo, el dios délfico del “Conócete a ti mismo”, es la presencia numinosa del Edipo Rey (Pinkler, 1993: 86)

Edipo indaga y su  búsqueda lo enfrenta a una realidad cargada de dolor; a cada paso que da, revela una verdad que lo vuelve el ser más desgraciado de todos. Entendemos que Sófocles expresa un aspecto definitorio del ser humano,  la naturaleza humana por excelencia expresa el padecimiento de un sujeto que deviene como sufriente toda vez que se acerca al conocimiento o que cobra conciencia de sí. Tanto Edipo como Áyax, el primero de los héroes trágicos de Sófocles, al menos de las tragedias conservadas,  reciben como un rayo de conciencia que los fulmina cuando se vuelven testigos de su suerte. Ambos han sido protagonistas de los más innobles y desgraciados actos y se contemplan llenos de dolor.

Edipo Rey

 

Edipo, intenta torcer su destino pero por el contrario lo apura hasta cumplir con los crímenes más terribles. Es inocente de intención ya que no está en su empresa matar a su padre para más tarde reinar desposando a su madre y engendrar descendencia. Pero el acto es lo que se condena aunque la obra también interpela sobre el grado de culpabilidad que implica a Edipo como señala el autor que antes citamos:

Hay que tener en cuenta que el contexto jurídico antiguo que la ley no tomaba en consideración la intención. Solo la acción Contaba. Así funcionaba el juicio legal hasta fines de la época arcaica, mientras que en la época clásica durante el siglo de los grandes trágicos, la intención comienza a ser tenida en consideración (Pinkler, 1993: 79, 80)

El héroe busca culpables y da paso a la ironía trágica ya que será por partida doble, investigador y  responsable del crimen que que intenta esclarecer. Ahora como rey tiene que resolver un nuevo enigma como lo hiciera anteriormente al enfrentarse a la Esfinge: “En efecto fuiste tú quien liberaste con tu llegada a la ciudad de Cadmea del tributo que pagábamos a la cantora, y eso sin recibir noticias ni aprendizaje de parte nuestra” (Sófocles, v.35 y ss.). A diferencia de otros enfrentamientos de héroes con monstruos el de Edipo es particular ya que no se trata de una batalla sangrienta sino de un duelo intelectual. Con una palabra o con una frase Edipo destruye la esfinge. Esto muestra una variante, Edipo es portador de un don tan poderoso como la espada,  el arte del ingenio y la palabra con la que ha liberado a la ciudad de la muerte en manos de la esfinge. Dicho arte es lo que nuevamente convocan los ciudadanos. Edipo ha resuelto un enfrentamiento sin ayuda de los dioses, sin dar ningún golpe y esto plantea un héroe sabio o filósofo como lo expresa Jean Joseph Goux:

Edipo es el único que vence solo por el ejercicio de su propia inteligencia: la explicación del famoso enigma es una prueba de lenguaje, Y su victoria no es marcial, al menos en la versión de Sófocles (la más importante para su época de acuerdo con los testimonios iconográficos). Edipo no mata a la esfinge en un acto de audacia guerrera. Ella misma se suicida echándose al abismo, cuando el enigma es descifrado. (Goux, 1999: 26)

Este no es un hecho menor ya que  lo pone en un lugar paternal para los tebanos que se acercan nuevamente para que los libere nuevamente de aquella peste que esta aniquilándolos. Edipo es consciente de la situación y ya ha tomado cartas en el asunto, ha enviado a su cuñado Creonte para que consulte al oráculo de Delfos sobre las calamidades que sufren y como quitarlas. Creonte trae un nuevo enigma que Edipo tratará de resolver: hay que encontrar al asesino de Layo el antiguo rey de Tebas. Inicia aquí un compromiso de justicia que lo llevará a conocer su origen, a ser más sabio pero pero también infinitamente infeliz:

La tragedia griega expresa esta idea, el hombre cuando intenta titánicamente indagar sobre su existencia se enfrenta indefectiblemente al dolor. El dolor es la prueba de su condición humana que lo distancia de lo divino a su vez es la prueba de que los dioses existen. La existencia de su alma está probada por el dolor y los padecimientos tanto físicos como morales, como lo marca José S. Lasso de la Vega: “Solo mediante el dolor se decide el hombre por abrazar aquello que en él es eterno, convirtiendo su dolor en sabiduría” (De la Vega, 1970:42).

Edipo pone manos a la obra y convoca Tiresias, incluso antes de que se lo proponga Corifeo,  para que aporte su sabiduría clarividente y los ayude a develar el misterio de la muerte de Layo. Maldice y promete el exilio al que haya sido el autor del hecho en una clara demostración de ironía trágica, convocando aquellos males que más tarde le recordara Creonte cuando tenga plena conciencia de su crimen. Estas palabras se las echara en cara Tiresias cuando finalmente le dice quién es el asesino buscado. En un primer momento, el adivino, se lamenta por ser portador de un saber que no traerá más que dolor pero cuando Edipo insiste pidiéndole su colaboración y acusándolo de ser cómplice en el crimen, porque no quiere aportar a la resolución, entonces  no duda en dar a conocer la verdad: “Yo insto a que permanezcas  fiel al edicto que proclamaste, y desde este día de hoy no nos dirijas más la palabra, ni a estos ni a mí, porque tú eres el impío que mancha esta tierra”(Sófocles, v. 350 ss.). Más adelante lo dice claramente y sin rodeos. Este es el primer indicio real para Edipo de que tal vez sea dolorosísimo seguir indagando pero ya no puede detenerse y piensa como dijo, echar luz sobre la oscuridad sin escuchar las suplicas de los que quieren detenerlo:

Edipo. –Jamás seré persuadido de no llegar a saber esto claramente.

Yocasta. –Pero te lo digo porque sé bien qué es lo mejor para ti.

Edipo. –En verdad, lo mejor para mí hace rato que me está molestando.

Yocasta. – ¡Desafortunado! ¡Que nunca llegues a saber quién eres!

(Sófocles, v. 1065 ss.)

A cada paso que da Edipo en lugar de obtener la satisfacción del investigador que  resuelve el caso, se encuentra una verdad que lo condena por los crímenes más abyectos. Pero aun así él quiere enterarse de su simiente a cualquier precio. Se llevara a cabo un largo reconocimiento mediado por los pastores que hicieron el intercambio con el niño Edipo, uno del reino de Layo y otro de Pólibio. El dialogo de los pastores está cargado de dramatismo porque tanto ellos como Edipo también temen lo peor. Pero hay que escuchar la verdad por terrible que sea, hay que llegar al final. El reconocimiento es por partida doble, por un lado el héroe encuentra su origen pero también su destino ineluctable que lo une desde que nació al asesinato de su padre y al lecho de su madre: “Edipo. – ¡Ay, Ay! Todo se cumple con claridad. ¡Oh Luz! ¡Que ésta sea la última vez que te veo! Es manifiesto que he nacido de los que no debía, y tuve relaciones con quien no podía, y maté a los que no correspondía.”(Sófocles: v.1185 ss.) Muy caro ha tenido que pagar esta vez por resolver el enigma, ha derribado para siempre la realidad de apariencias en la que vivía ignorando la verdad que entrañaba su origen. Se ha vuelto consiente se si, entiende quien es de una manera tan nítida como no lo ha hecho otro héroe nunca.

Hemos llegado al punto más dramático, en el que se corren todos los velos y se hace realidad descarnada de apariencias lo que se temía desde siempre. Yocasta no soporta el dolor de la revelación final y presa de un furor demencial se quita la vida ahorcándose. Edipo cuando contempla el cadáver con los broches que sujetan las trenzas de Yocasta se orada las cuencas de los ojos convocando a las tinieblas; ya no quiere ver ni oír nada más del mundo y lamenta no poder dañar sus oídos. La ceguera acude al héroe para evitarle volver a ver el mundo, siente que ya no queda nada agradable donde pueda posar la mirada, ahora la visión de Edipo será más penetrante, como la de Tiresias que  desde las tinieblas vaticina guiado por Febo. Creonte hace cumplir el edicto de Edipo y lo destierra sin miramientos mientras el coro concluye de manera extraordinaria la escena confirmando que el tema del dolor es intrínseco a la obra sofoclea:

Corifeo: Habitantes de la tierra de Tebas, miren: éste es Edipo, el que llegó a conocer famosos enigmas y fue el hombre más poderoso. Ninguno de los ciudadanos dejó de mirar con envidia su fortuna. ¡En qué ola de terrible desgracia ha venido a caer! Por eso, no hay que considerar feliz a ningún mortal hasta ver su último día, hasta que no alcance el límite de su vida, sin padecer dolor. (Sófocles: v 1525, 1530)

Edipo en Colono

En Edipo en Colono ya no hay revelaciones, se ve al héroe guiado por su hija Antígona, cargando con su destino con plena conciencia de su historia, con una imagen decadente, ya anciano, ciego y macilento. Este es el producto de su conocimiento, un hombre libre que acepta su padecimiento y espera la muerte ya que como expresa: “pues solo a los muertos no les afecta ningún dolor” (Sófocles, 2011:430).  Ha logrado perdonarse los crímenes o por lo menos sabe que no ha sido enteramente culpable. Como decíamos antes nunca estuvo su voluntad mediada por la intención como lo explica cuando es interrogado:

Coro. –Mataste…

Edipo. –Lo maté. Pero me asiste…

Coro. – ¿Qué es ello?

Edipo. –Alguna razón de parte de la justicia.

Coro. – ¿Cuál es ella?

Edipo. –Yo te explicaré: en efecto, lo golpeé y lo maté pero sin intención. Y por ley soy inocente, pues llegué a ello ignorante. (Sófocles, 2011: 415,416)

Es acogido por Teseo, y se niega a volver a Tebas de donde fue desterrado. Ha entablado una relación más estrecha con los dioses y su mirada sin luz ve sus señales, ha encontrado la paz para su largo padecimiento, los rayos y Truenos de Zeus convocan Edipo. La última morada de aquel que ha sufrido tanto será un don divino que protegerá la tierra en la que se encuentra. Todo lo ha visto el sabio Edipo y con su sabiduría alcanzada con tanto dolor se aleja de sus hijas despidiéndose para morir solo.

Conclusión

Como hemos demostrado los griegos han manifestado una clara postura respecto del saber, este siempre trae en mayor o menor grado dolor y  por otra parte no han dejado de indagar buscado la verdad y el conocimiento. El mundo aparente de la superficie  es el que Apolo ilumina, pero es necesario correr este velo y contemplar la realidad de manera directa para ver lo real que se esconde en las profundidades y que no es justamente un lecho de flores para el hombre; es esta la ruptura que afronta Edipo al buscar echar luz sobre los misterios del crimen y de su origen. En más de una oportunidad ha expresado Pinkler que el numen de la obra es Apolo, dios de las apariencias, pero también lo es Dioniso en su doloroso desocultamiento.  Si como ha escrito Borges: “Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quien es.” (Borges, 2009: 1013) Edipo conoce quien es y su destino en el mismo acto y siguiendo con las expresiones borgeanas, todos somos Edipo en el sentido que todos andamos un poco a los tumbos desconociendo la profundidad de nuestro ser, sosteniendo apariencias, intentando saber quiénes somos para interpretar nuestro destino aunque en ello nos carguemos de dolor y comprendamos la fragilidad de nuestra dicha.

Bibliografía
  • Borges Jorge L. (2009) Obras Completas I Edición Crítica, Buenos Aires, Editorial Emecé
  • De la vega Lasso José (1970) De Sófocles a Brecht, Barcelona, Editorial Planeta
  • Goux Joseph-Jean (1998) Edipo Filósofo, Buenos Aires, Editorial Biblos
  • Juliá Victoria E., Kohan Walter O., Castello Luis A., Conde Oscar, Pinkler Leandro, Palant Jorge (1993) la Tragedia Griega, Buenos Aires, Editorial Plus Ultra
  • Sófocles (2006) Edipo Rey, Buenos Aires, Editorial Biblos
  • Sófocles (2011) Tragedias Completas, Madrid, Editorial Cátedra

 

Giuliano

Profesor de literatura. Diseño y coordinación de los contenidos de la web.

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4 Comentarios

  1. Silvia Marcela De Stoia

    Humberto. Es excelente esta página. La selección de textos, las entradas, el diseño y la estética súper atractivos.
    Te mando un abrazo y espero poder leer y aprender más sobre literatura porque me encanta.

    Responder
    • Giuliano

      Gracias Silvia, justamente es la idea, compartir nuestro recorrido por la literatura.

      Responder
  2. Salvador Hernández

    El de los pies torcidos. Buenísimos aportes Giuliano. Me encanta tu recurrente manera de dialogar con Borges. Lo de la inocencia y culpabilidad es interesante también, formando gran parte de lo que dice Sófocles en Grecia. Un saludo!

    Responder
    • Giuliano

      Muchas Gracias Salvador, ¡Cuánto me alegra que te haya gustado!

      Responder

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