El Juan Moreira de Favio

Por Giuliano

26 octubre 2020
Las desdichas de Moreira comienzan en el film con el conflicto o mejor dicho con la resolución del conflicto que lo enfrenta a Sardeti, gringo bolichero, deudor de  una contratación de arreo de animales, que hace más de un año atrás realizó Moreira y su peonada. Los tiempos cinematográficos necesariamente más breves que los de […]

Las desdichas de Moreira comienzan en el film con el conflicto o mejor dicho con la resolución del conflicto que lo enfrenta a Sardeti, gringo bolichero, deudor de  una contratación de arreo de animales, que hace más de un año atrás realizó Moreira y su peonada. Los tiempos cinematográficos necesariamente más breves que los de la novela obligan a escoger. El director inicia con lo que para Gutiérrez fue la culminación de una serie de hechos desafortunados que rompen con la armonía que envolvía al gaucho. Moreira es entre otras cosas es un fletero o arriero encargado transportar diferentes bienes y animales; reside en La Matanza, tiene, un rancho y un pequeño número de animales, eso sí, como se encarga de sostener en su libro Gutiérrez, sin justicia y sin voz. Juan Moreira es citado por el comisario para que aclare “que tiene” con Sardeti pero desde el principio se ve la intención de favorecer la queja del bolichero deudor  que se dice acosado por el gaucho que reclama lo suyo aunque sea “de a buena”. El milico esgrime un documento que certifica la paga en tiempo y forma, pero la realidad es que el gaucho no sabe ni firmar. De ser un paisano tranquilo y trabajador pasa a ser maltratado por la justicia que no está de su lado o del lado de la verdad; esto alcanza para que  se desgracie, como se decía entonces, y comience su larga rodada por la pendiente del crimen, en términos de Gutiérrez. La novela nos cuenta un largo acoso por parte del teniente alcalde que pretendía a su amada Vicenta; un similar destino había sufrido  Cruz en El gaucho Martin Fierro de José Hernández. Favio muestra un gaucho mucho más elemental y prácticamente sin bienes que vive en un rancho lamentable, un poco mejor que el de las tolderías.

Mientras que la novela desde un primer vemos el momento el perfil de un héroe predestinado a dejar una estela imborrable con las hazañas de su brazo poderoso: “Juan Moreira es uno de esos seres que pisan el teatro de la vida, con el destino de la celebridad” (Gutiérrez, 2012, 29). Marcadas características de la épica, epítetos como “hombre extraordinario”, se lo describe lleno de admiración, “no se sabía que era lo más admirable: si la fuerza muscular de Moreira o el temple de aquella arma soberana”(Gutiérrez, 2012, 123). Todo lo que rodea a Moreira tiene para Gutiérrez  una bendición heroica: un caballo incansable que lo salva con su carrea, un cusco centinela que vela su sueño y avisa de peligros.

El indio

Moreira después de su primer crimen se interna en la toldería, pero no encuentra allí consuelo a sus penas. Favio muestra al indio envuelto en una realidad miserable, por mucho, más triste que la del gaucho. Su dignidad ha sido pisoteada por la civilización cristiana relegándolo casi como a una bestia. En el libro de Gutiérrez en cambio esta posta del héroe se encuentra casi al final bajo el título “El último asilo” allí se encuentra con el cacique “amigo Simón Coliqueo” que brinda su hospitalidad al gaucho que admira en todo momento añorando su caballo y su emprendado.

El indio, cuenta Gutiérrez es un parasito que habita al margen de la civilización, dependiendo de la frontera, de los sueldos del estado y que solo interrumpe su hábito alcohólico para procurarse algunas plumas y cueros en las boleadas para negociar por nuevo alcohol, beber hasta caer y levantarse más tarde para volver a beber: “ el indio bebe y, como decíamos, bebe hasta caer; cuando despierta de la acción alcohólica, es para beber de nuevo, mientras quede en la botella un átomo de ginebra.”(Gutiérrez, 2012, 155) En este contexto Moreira llega a contagiarse de la barbarie y llenarse de vicios que para Gutiérrez son lo único que posee el indio : “Moreira se hizo en los toldos gran bebedor y jugador malicioso, desplegando un talento especial para hacer trampas en la baraja”(Gutiérrez, 2012, 156). Siguiendo a Hernández que plantea lo mismo en La vuelta de Martin Fierro, el gaucho abomina de su romántica idea de tener una mejor vida en las tolderías, no solo encuentra allí un infierno en el que pierde al amigo Cruz sino que tambiién se encuentra con la otra cara del estado que lo persigue. El Moreira de Gutiérrez como se dijo, es admirado y envidiado por el cacique, la inteligencia superior del gaucho lo lleva a urdir un plan final para huir de la toldería en una noche de juego después de la cobranza. Apuesta todos sus bienes, el caballo y sus prendas, que son el sueño de Coliqueo pero después de trampearlos y ganar el mayor botín escapa cegando al cacique de un planazo de su daga, cruzando como un rayo la distancia que lo separa de la civilización.

Hay una gran distancia con lo que plantea Favio, es allí donde Moreira sufre con la miseria que lo rodea consustanciándose con el indio y se llena de rebeldía, una rebeldía que lo subleva más contra la civilización que ha sometido a ese pueblo quitándoles todo cuando no matándolo. En el film el gaucho concluye que allí se sufre mucho más que en la vida de matrero huyendo de la justicia:

¡Malaya! Baya indigencia que el crestiano le ha dejao’, no tienen perdón de Dios los que ansi lo han arrumbao como parias en su tierra con los hijos desnuditos como si fueran malditos viviendo en las soledades, comiendo víboras o aves a sigún quiera el bendito. Tanta pobreza no he visto y eso que soy rodador, nunca vi tanto dolor y derredor tantos males, h’jo e’ pucha no son mortales los indios pregunto yo. ¿Qué penas he de olvidar en medio de estas miserias? Mas me vale que a mi tierra me vuelva a pelear lo mío, me revela el ser testigo de tanta hambruna y pobreza

El gaucho

Una serie de crímenes y venganzas que son más propias de la entrega del folletín que de la realidad histórica de Moreira pueblan el relato de Gutiérrez. Se venga  del teniente alcalde en una batalla prolongada que es descripta con lujo de detalle en la que el brazo del héroe se impone y el acosador de Vicenta (su mujer) paga su precio. Así se entierra en el crimen y se aleja de su vida honrada de entonces. La fuerte denuncia de Gutiérrez es lo que aporta mayor fuerza al relato y lo que brinda la posibilidad de que la obra pueda ser siempre adaptada. La justicia corrupta permite que no pierda vigencia y que sea encarnada generando empatía con el bandido, que siempre empujado por la injusticia comete nuevos crímenes: “Para el gaucho no hay justicia amigo Julián, y la que no me hago yo, no me la ha de hacer nadie” (Gutiérrez, 2012, 70). Hay, por lo menos al principio,  un móvil de venganza o de reparar una injusticia que lo lleva a la pelea y a dar muerte, inclusive parece digno de honor enfrentar una partida solo para que no se lo tome por gaucho cobarde que huye cuando se ve amenazado. Hay un destino trágico del que no puede escapar el héroe: “no tengo pues otro camino que pelear con las partidas hasta que maten, que será para mí un día de placer, porque habré concluido mi penar” Gutiérrez, 2012, 81). El relato prosigue monótono, crimen tras crimen y enfrentamientos con incontables y numerosas partidas que trasuntan un cierto cansancio de tener que cumplir con el deber y prenderlo vivo o muerto.

El Moreira de Favio, después de haber  vengado compulsivamente la estaqueada que sufrió por culpa de Sardeti, vuelto de los indios; otra vez el género gauchesco, en una pulpería mata a Córdoba, un matón de comité, por el puro “lujo de pelear” un poco empujado por la borrachera )como Martín Fierro) y también porque le ha tomado gusto al crimen. Esta muerte le arranca una postura política, cuando se entera que el finado es hombre de Mitre, se proclama él del bando de Alsina. El crimen lo termina de sindicar como un delincuente. La voz en off  traza el perfil del delincuente buscado: Juan Moreira: “vago y mal entretenido, ladrón y homicida peligroso, edad entre los treinta y cuarenta años, pelo negro, se lo dice hoyoso de viruela, a veces usa barba, es de acaballo”.

Aunque resulte accidentado y fortuito es aquí donde comienza también su carrera como matón de comité; ya es una leyenda, las viejas que cuentan historias, cuentan la suya y crece el mito entre los gauchos hay uno de ellos que se ha revelado. Gutiérrez siempre presenta a Moreira como un ejemplar único, alguien sin clase que se destaca de manera inalcanzable, si bien por momentos representa al gauchaje siempre descolla con algunos comportamientos que lo elevan individualmente. En el film una narración apretada cuenta como se forja aquella leyenda y se lo muestra a Moreira luchando con las partidas y viviendo en los pajonales guareciéndose de la ley. A diferencia de Gutiérrez que como decíamos construye un héroe solitario, Favio muestra un héroe más colectivo que se enyunta con Julián Andrade, quien se enorgullece de compartir su suerte con las mentas de Moreira. Este es un punto importante, porque ya no es un llanero solitario que recorre la pampa huyendo de la ley, asolando las pulperías y matando partidas que intentan aprenderlo, sino como dice Gamerro en su fundamental Facundo o Martín Fierro los libros que inventaron la Argentina, conforman una “mini montonera” a la que más tarde se le suma su entregador, el Cuerudo.

 

Los gauchos se identifican con la suerte desgraciada de Moreira y lo ven como una esperanza, tal vez revolucionaria y cantan su vida deseando que la suerte cambie. Acompañado de Andrade se venga de manera más premeditada del teniente coronel que fue quien lo empujó a la desgracia. Inmediatamente después se produce el encuentro de Julián Andrade y el “Cuerudo”, personaje que salvo el nombre recrea por completo Favio. El “Cuerudo” de Gutiérrez es un ser despreciable al que Moreira le perdona la vida en un incidente de una mesa de juego, como se le perdona la vida a un animal que se ha portado mal casi sin saberlo y más tarde se aprovecha de él y lo somete a humillaciones que serán el caldo de cultivo de un resentimiento que crece hasta llegar a la traición como único acto de valentía. Por el contrario el Cuerudo de Favio solo traiciona bajo tortura y quebrado; entrega a su compadre a cambio de la vida.

En el Film el Cuerudo es quien convence a Andrade de que se alisten como guapos de comité aprovechando la fama larga de Moreira, con promesas de conseguir el indulto que los saque de la vida desgraciada. Es importante remarcar como decíamos que nace aquí un sujeto nuevo, hay un cambio de clase, deja de ser un gaucho matrero para ser un matón político, actividad reservada a malevos de avería, al guapo orillero. Cuando son tres y se alejan en un plano general que enmarca a los tres hombres de acaballo alejándose al alba rumbo al horizonte, allí la voz en off trasmite nuevamente el interior del gaucho que arrastra su destino hacia un nuevo rumbo:

“Adiós lagunas queridas/ adiós pájaros/ adiós montes/ me voy pa’ ande va mi norte que es norte de perseguidos/  parece que el dios bendito me quiere seguir probando/ más anqué cambie de fiesta no cambiará mi destino/ yo pa’ vivir no he nacido/ yo nací pa’ andar durando”.

A partir de este momento Favio se distancia con su lectura de la narración de Gutiérrez dándole al derrotero de Moreira una participación activa involucrándose en la política, aunque más no sea como un matón de comité alquilando su daga y su fama para obtener lo que no dejan de prometerle, el indulto. El indulto que lo devuelva a su vida tranquila, que le devuelva su mujer y su hijo. Este es el destino del gaucho parece recordar Favio, implicado en uno u otro bando político, siendo utilizado, mano de obra y brazo armado en la frontera o directamente siendo sacrificado en las guerras de la independencia como lo expresa Sarmiento en aquella conocida carta a Mitre. “No trate de economizar sangre de gauchos. Es un abono que es preciso hacer útil”. Le es indistinto parece a Favio que más tarde Moreira se pase a las filas de Mitre cuando le incumplan la promesa en el bando de Alsina, lo que le importa mostrar, es a una clase estafada, utilizada y olvidada cuando a los señores de la tierra les conviene. En ese sentido encarna un sujeto político para Favio, más allá de las banderías o las coyunturas, Moreira es un gaucho rebelde contra la autoridad y las leyes de la oligarquía. El gaucho en el relato de Favio sabe que no es su culpa o su mayor mal haber nacido gaucho como le responde Moreira a Julián en la pulpería cuando se conocen: “yo ando medio desmemoriao pero no tanto como para pensar que mis males yo soy el pior”. Moreira es un juguete rabioso de esa sociedad en ciernes en la que la oligarquía terrateniente ya se impone y comienza su larga dominación. Pero Carlos Gamerro ve en el Moreira de Favio un envilecimiento a medida que muta su condición de gaucho a matón orillero, cuando cambia el chiripa por el traje cruzado: Moreira perplejo se va degradando y envileciendo, de paisano a pueblero, de esposo fiel a putañero, de gaucho trabajador a matón electoral… Si bien es cierto que el recorrido el personaje se encuentra perdido y es manipulado otra vez por el sistema, es un héroe que busca salir de la huella en la que se adentró, quiere como decíamos su destino anónimo y común, volver a su vida opaca, vivir en paz. Inclusive es cierto que lo que señala el autor que citamos, el Juan Moreira de Gutiérrez, interviene en defensa de Marañón cuando un puñado de asesinos a sueldo intentan matarlo y en cambio esto se invierte en el film donde es Moreira quien ha aceptado el encargo de matar a Marañón y a último momento se arrepiente siguiendo los consejos de Julián.

En un enfrentamiento Moreira es herido y en su agonía define su suerte con la muerte al mejor estilo del Séptimo sello y como resultado la muerte , mala perdedora se lleva a su hijo Juancito. Es éste uno de los momentos de mayor sufrimiento para Moreira ya que a la pérdida de su hijo se le suma la desgracia de no poder despedirlo como lo hubiera podido hacer si fuera ese ser anónimo que fuera en su feliz pasado que tanto añora. Pero sin embargo se encuentra impedido por una mácula que lo imposibilita, ni siquiera puede entender su desgracia como expresa su monólogo interior, una vez más con el recurso de la voz en off,  que le habla a su hijo recién muerto y continua en un dialogo con Vicenta a quien no puede acompañar en aquel trance: “Tal vez alguna vuelta me ayudes a encontrar alguna respuesta a esta vergüenza mía de verme sucio, sucio y tan culpable de algo que no comprendo, que me rodea desde hace tanto, amor, tanto tiempo…”. La tensión dramática se alcanza en este punto, en el que la existencia paralela de Moreira más o menos vil lo priva de su destino primero y por cierto de su felicidad.

En definitiva, siempre Los personajes de Leonardo Favio, buscan la libertad, escapar, saltar el muro recuperando algo de lo que les pertenece como Aniceto, Moreira no alcanza a ver el otro lado de la pared que lo separa de la libertad. Abundan las anécdotas en las que el público que acudía a las representaciones de la obra intentaba ayudar a Moreira a saltar el muro, alertándolo de la daga traicionera de Chirino y hasta pegándole al actor que encarnaba al sargento. El gaucho y más tarde el obrero peronista proscripto por la Revolución libertadora  encarnará esta búsqueda del tiempo en el que era feliz, yendo a trabajar, viendo a sus hijos crecer junto a su esposa, sin sufrir una persecución y una condena de clase que los comprime a una mínima humanidad.

Moreira es un hombre con miedo que no puede pensar su muerte un día de sol, no un héroe épico que cierra su ciclo en una batalla final; la luminosidad de la vida no se le puede escapar de día, él espera que sea una noche cuando lo venga a buscar la muerte y será un frase que como un leitmotiv repetirá Moreira, ahora moribundo y al final de su vida, acorralado en un cuarto de burdel. Este hombre frágil ante la muerte es también el símbolo del coraje criollo que elige rescatar Leonardo Favio, la rebeldía del gaucho frente a la autoridad y toda la tradición de una clase que desde el indio devenido en gaucho al inmigrante devenido en obrero peronista sufre la humillación y la falta de justicia, sojuzgado por la oligarquía que los vampiriza y tritura a su antojo.

El indulto que le fue prometido, es una estafa que lo deja fuera de todo (ni siquiera velar su hijo ni acercarse a la mujer, nada se le permite ni se le da). El partido al que sirve  no se contenta con los votos de los demás gauchos que arrea y le piden que mate inescrupulosamente y a sangre fría por la causa. Es el límite de lo que puede soportar Moreira por lo que pide y por la justicia que le han arrebatado hace tiempo. Decide cruzarse de bando creyendo que del otro lado pueden darle lo que pide. No le importa ser burlado por “camaleón” que muda sus convicciones y pasa a ser parte de otra causa, qué más da si su causa es otra y lo declara a los gritos mostrado por un plano aéreo: “… yo no conozco color ni patrón, solo respondo a mi libertad señores, sobre de mí mi sombrero, que con ser grande la tierra la tengo bajo mi pie” todo lo que pretende la pequeña montonera de Moreira, Andrade y el Cuerudo es la libertad de volver a ser gauchos de bien.

Si bien el Moreira de Gutiérrez también añora su vida pasada no empeña su vida en lograr el indulto o el perdón que lo libere de su suerte trágica de matrero y asesino. Su fama lo condena y busca más bien un final heroico, un desenlace al fin que acabe con su vida infame que ya no le deja reposar una siesta sin que tenga que matar a alguien que busque medir su hombría o enfrentar a una partida y matar sin gusto a soldados valientes que cumplen una orden. Esta distancia es fundamental con el guion de Favio, que muestra como el héroe busca salir del laberinto en que el sistema lo ha entrampado, alejándolo de su felicidad primordial. Moreira mata una vez más en un duelo épico que Borges recordara, da muerte a Leguizamón que es un guapo mitrista y se enfrenta en la elección donde se disputan los votos.

Juan Moreira mata a Leguizamón y el doctor Marañón gana la contienda electoral. Es la última noche, allí Moreira a Conocido el triunfo y crece la esperanza del indulto pero también es conocedor de que Mitre se alzó en la capital reclamando fraude. La noche es tormentosa y con aguacero, decide culminar la velada en lobos con su amigo Julián en la casa de tolerancia llamada La estrella. La partida federal llega a la casa de Marañón con motivo de intervenir por los dudosos resultados del sufragio y pide como botín la cabeza de Moreira. El Cuerudo que también fue parte de del bando de Mitre es atrapado y torturado hasta que logran doblegarlo como a un niño.

Juan Moreira es negado por Marañón que le debe su triunfo por más fraudulento que haya sido y entregado por el Cuerudo, falta un tercer traidor, el sargento Chirino, que más tarde dará muerte al héroe por la espalda, como no se mata un hombre. Es la madrugada ya muy entrada, ya despuntando el alba son sorprendidos Andrade y Moreira en el burdel  La estrella. En esta noche definitiva veremos tal vez la única hazaña de estatura épica que realiza el héroe de Favio, enfrenta acorralado y muerto de miedo, desesperado por el terror histérico que sufre su compañera de cuarto, que logra salvar dejándola salir, para luego enfrentar a fuego y sangre a toda una partida (se había dicho de cuarenta hombres). Moreira logra salir del asfixiante lupanar y casi cegado por el sol que le muestra un tiempo impropio para morir, mientras busca sortear el muro y llegar a su caballo es alcanzado por la bayoneta artera de Chirino. Es el fin pero no cae Moreira, gira con su daga entre los dientes y dispara su trabuco haciendo blanco en chirino, se reincorpora herido de muerte y empuñando la mítica daga  y con su poncho en la otra mano gira y se congela en un fotograma icónico.

La película goza de un éxito arrollador, hasta en los cines de barrio había cola para entrar, se cantaba la marcha peronista en las salas de cine de Lavalle, toda la gente del pueblo peronista acudía a sus proyecciones. Para Carlos  Gamerro, el arte de Favio es más que una revalorización del coraje de aquel gaucho, una premonición del destino de toda una generación que marchaba a la muerte.

Conclusión

Una vez más dialogamos con el texto de Gamerro que se pregunta “icono de que” es la última imagen de film, pues bien no daremos una respuesta final a esta pregunta y si bien coincidimos en que tal vez no sea solo un icono de la tendencia revolucionaria peronista, nos parece que contiene como uno de sus tantos significados,  lo que venimos destacando: el coraje gaucho y su destino trágico en todas las épocas desde las guerras civiles que dieron paso a la unificación del estado, como las campañas de exterminio de las comunidades originarios, más tarde la mano de obra de un país que solo tenía derecho a habitar una clase dominante y explotadora.

Leonardo Favio en su condición de Niño pobre que solo conoce la felicidad de un juguete de la mano del peronismo y sus prácticas hoy llamadas populistas es lógico que le imprima a la obra una mirada particular y propia alejándose de la de Gutiérrez que si bien utiliza la denuncia de la injusticia del gaucho como perteneciente a una clase letrada que solo se acerca al pueblo con los temas que le garantizan el éxito editorial. Gutierrez adhiere a la visión sarmientina, en la que el gaucho es parte de una barbarie y si bien el héroe de su relato es parte de esta “hermosa raza” como él la llama, es nada más que una expresión individual que se yergue por encima de los destinos de sus pares y lo vuelve único. Por otra parte Fabio que también conquista multitudes, con su poética expresa y acerca como en un pastiche la alta cultura y la baja expresión popular como las fiestas criollas con números de circo y la intertextualidad con Bergman junto con coros gregorianos que acompañan su cine. Su formación autodidacta y su talento intuitivo superan las anteriores y posteriores adaptaciones de la obra, detiene esculpiendo en el tiempo con elementos literarios y teatrales una expresión acabada de un sujeto social que atraviesa toda la historia de la literatura. Pone al gaucho en un lugar que todavía no había alcanzado en el cine.

Leonardo Favio nos muestra el gaucho como un rehén o engranaje de un sistema que siempre lo señalo como responsable individual de su desgracia, por ser mestizo o por tener sangre de indio. Más tarde se repetiría con el inmigrante, por no ser el inmigrante deseado de los pueblos superiores y después por ser cabecita negra, obrero y peronista. Un sujeto que se ha visto manoseado por la política sin participar de ella  o de los beneficios de ella aunque ha sido en muchos momentos su medio. Como expresa un personaje en la película  No habrá más penas ni olvidos, transposición de un libro de Osvaldo Soriano, “yo nunca me metí en política, siempre fui peronista”. Una síntesis de la participación o el papel que esta clase postergada ha tenido que jugar, muchas veces volviéndosele transparente su connotación política para volverse un drama sacrificial. Y como reza el epílogo del film mientras tanto el gaucho argentino es marginado y cuando no perseguido, sirviendo de peón e instrumento al caudillo de turno.

Bibliografía
  • Gutiérrez, E. (2012) Juan Moreira. Eudeba, Buenos Aires
  • Wolf, S. (2004) Cine/literatura Ritos de Pasaje. Paidós, Buenos Aires
  • Gamerro, C. (2015) Facundo o Martín Fierro los libros que inventaron la Argentina. Sudamericana, Buenos Aires
  • Peña-Ardid C. (2009) Literatura y cine. Cátedra, Madrid

 

Giuliano

Profesor de literatura. Diseño y coordinación de los contenidos de la web.

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