Cesar Aira

El Marmol

 

Novela publicada en el 2011 por La Bestia Equilátera.

Un hombre va de compras a un supermercado chino y el cajero, a falta de cambio, le ofrece algunos cachivaches, entre ellos unos misteriosos glóbulos de mármol. Al salir, el encuentro con un joven dispara una serie de aventuras que involucran la promesa de un premio, el hallazgo de una cantera en el bajo de Flores y a una pandilla de supermercadistas chinos llegados de otro planeta, idéntico al nuestro. La vida (y no solo la de estos personajes) gana nuevas dimensiones.

 

La trama

Aira al cuadrado

El mármol es una novela de las que van asomándose de la montaña de títulos de Cesar Aira. Se podría decir que pertenece al clico de los espacios urbanos: Las noches de flores, La villa, La guerra de los gimnasios, Prins y podemos seguir con una larga lista dentro de otra lista.

Un comienzo abrupto que sorprende no solo al lector, muestra también la sorpresa del narrador, que a la sazón, es quien escribe la historia que tenemos en nuestras manos. Está desorientado con la imagen que tiene gravada en su memoria. Producto de una suma de desconocidas causalidades se recuerda con los pantalones bajos en un lugar público; sentado sobre un mármol. Sí una superficie de piedra, específicamente mármol, que lejos de desagradarle le provoca aún en el recuerdo una sensación placentera. ¿Cómo llegó a esa situación un señor mayor, de barrio y más bien conservador? Esta imágen es la punta de un ovillo que junto con el personaje narrador trataremos de desenredar. ¿Cómo atar todos los cabos? Aquí la operación clásica de «hacer memoria» se resiste, hay un blanco, un vacio que opera como la antimateria. El personaje apuesta todo a que el libre fluir de la conciencia o mejor dicho de la pluma sobre el papel, ya que ha decidido dejar por escrito todo lo que rodea esta experiencia…

La vida gris de un jubilado antes de tiempo se interrumpe de pronto, un acontecimiento  lo saca del letargo rutinario. De pronto el jubilado que tristemente mata su tiempo con los aburridos programas de televisión de la tarde es sorprendido por lo incomprensible. Y aunque el hecho de verse sentado en la vía pública con los pantalones bajos debería escandalizarlo, llenarlo de amargos reproches, por alguna razón el recuero o lo poco que recuerda que no es mucho más que una imagen vivida, un flash, un cúmulo de sensaciones, lo llena de una felicidad olvidada.

 

Todos los esfuerzos por recordar van fracasando pero la caprichosa memoria cede ante la escritura que guía las asociaciones del narrador. Dos planos de lecturas se plantean desde el comienzo y se van entrecruzando los caminos hasta que nos adentramos al relato que se configura sobre el papel. Una pista lo deja seguir: se ve en la caja de un supermercado chino del barrio de Flores, puede ser cualquier supermercado chino de la ciudad o ser el único supermercado chino que se replica hasta el infinito. Parece un infructuoso camino, pero algo le indica a la mano que escribe que tiene que ser por ahí.

 

 

En el chino nuestro narrador es obligado a completar su cambio con una serie de objetos mínimos de la industria china que parecen inútiles pero lejos de serlo, pagaran con creces el camino del héroe que acaba de iniciar. Como en otras obras la comunicación entre los personajes está truncada, en esta porque la otredad extrema de los orientales no les permite el acceso a una lengua compartida o por el contrario el uso artificial de la lengua extrajera vacía de sentido las palabras y no hay mensaje posible.

Un joven chino será el socio en la aventura y un compañero misterioso que despierta muchos sentimientos en el héroe, desde el rechazo por la distancia fría  hasta el amor incondicional de los que viven un momento trascendente; la comunidad de los que sobreviven y quedan unidos por lo mismo.

 

A partir de este momento se desatará la aventura, una aventura que en principio está a la alcance de todos. ¿Quién no ha pasado por uno de estos comercios si vive en la ciudad de buenos Aires o  en el conurbano? Pero de esto se trata la literatura de Aira, presentarnos algún mundo conocido, una sensación, un episodio de la historia, un personaje para luego quebrarnos todas las hipótesis de lecturas con sus electrizantes tramas y su prosa cristalina. Una vez que el dispositivo de narración está montado ya no tenemos más de dónde agarrarnos y lo que conocemos como seguro por nuestra historia como lectores nos empieza molestar y a entorpecer la relación que entablamos con este nuevo objeto aireano.

 

El procedimiento de escritura de Aira nos deja en manos de un segundo escritor que sigue los caprichos de sus razonamientos y juegos interpretativos con los que construye un laberinto del que solo puede salir volando.

Allí nos convoca Aira,  entre chinos y extraterrestres, naves y materiales inverosímiles. Inútiles objetos del mercado que depronto cobran un sentido inusitado. Un enigma que a cada estocada de su lógica se desata en uno nuevo y se resuelve como resulta. Una novela que nos encadena a la aventura del continuum aireano.

 

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