El new weird

Por Juan Mattio

1 marzo 2021
Categorías: Teoría literaria
 ¿Por qué new weird? La corriente literaria que se conoce como New Weird nació en Inglaterra hace ya más de una década cuando una serie de autores, entre los que se encontraban China Mieville, M. John Harrison y Justina Robson, se reconocieron en un mismo campo de experimentación literaria. Ann y Jeff VanderMeer armaron una […]

 ¿Por qué new weird?

La corriente literaria que se conoce como New Weird nació en Inglaterra hace ya más de una década cuando una serie de autores, entre los que se encontraban China Mieville, M. John Harrison y Justina Robson, se reconocieron en un mismo campo de experimentación literaria. Ann y Jeff VanderMeer armaron una antología que se publicó en 2008 y que pretendía funcionar como bestiario de estas confluencias. Lo que caracteriza al New Weird es el pastiche de género, el uso sin prejuicios de los imaginarios del terror, la ciencia ficción, el policial y el fantástico. Híbridos que no están dispuestos a respetar la frontera entre los géneros pulp y que echan mano a distintas tradiciones para construir mundos nuevos.

El weird clásico -o ficción extraña-, se había inaugurado con HP Lovecraft y Clark Ashton Smith, reunidos en torno a la revista Weird Tales que fue publicada en la década del 1920, en lo que se conoce hoy como los años dorados del pulp. Su línea de continuidad estuvo en el terror tradicional moderno.  Ahí “extraño» se refería a elementos a veces sobrenaturales, a veces fantásticos, pero que casi siempre aparecían de una forma literal y explícita en los relatos.

¿Cómo distinguimos el viejo weird del nuevo weird? La respuesta que dan Ann y Jeff VanderMeer tiene dos aspectos. Por una parte, la Nueva Ola de la ciencia ficción en la década de 1960 puede considerarse el primer impulso de esta corriente. Autores como M. John Harrison, Michael Moorcock y JG Ballard, se reunieron en la New Wave para mezclar géneros, confundir límites entre literatura pulp y vanguardia, y se involucraron en la experimentación formal, muchas veces con un punto de vista político muy nítido. Esa lógica fue heredada a la generación posterior. El segundo estímulo que leen Ann y Jeff VanderMeer es el trabajo de Clive Barker en la década de 1980, en especial los Libros de Sangre. Ahí Barker publicó cuentos que mezclaban el terror con el fantástico y construían una visión contemporánea del tipo de terror que había trabajado Lovecraft, al mismo tiempo que lo superaba al relatar eventos en los que el monstruo o el origen del horror podían no ser revelados o explicados nunca.

En resumen, lo que podemos pensar como New Weird es no sólo la confluencia de géneros pulp sino también la reunión de imaginarios desaforados con técnicas literarias experimentales. Algo similar a lo que pasó en el cine en los años 70 cuando grandes directores como Werner Herzog, Roman Polański o Stanley Kubrick hicieron usos espurios –y extraordinarios- del terror, la ciencia ficción y el noir.  

Fantástico en el Río de la Plata

La literatura en el Río de la Plata tiene una larga tradición de imaginarios fantásticos donde podríamos reunir a Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo, Horacio Quiroga y Felisberto Hernández, entre muchos otros. En el año 1975 fue el propio Julio Cortázar quien escribió un ensayo con el título Notas sobre el gótico en el Río de la Plata y ahí decía: “Para desconcierto de la crítica, que no encuentra explicación satisfactoria, la literatura rioplatense cuenta con una serie de escritores cuya obra se basa en mayor o menor medida en lo fantástico, entendido en una acepción muy amplia que va de lo sobrenatural a lo misterioso, de lo terrorífico a lo insólito, y donde la presencia de lo específicamente ‘gótico’ es con frecuencia perceptible”.

Los elementos fantásticos o góticos pueden reconocerse incluso en zonas inesperadas de la literatura argentina como en las novelas de Manuel Puig (las películas de terror que cuenta Molina a Arregui en El beso de la mujer araña), en la prosa poética de Alejandra Pizarnik (su ensayo La condesa sangrienta está inspirado en la figura de Erzebet Bathory) o en el trabajo editorial de Rodolfo Walsh (quien publicó en 1956 la Antología del cuento extraño). Lo cierto es que en Argentina nunca hubo un mercado editorial similar al de los géneros pulp de los Estados Unidos y eso nos obliga a pensar en condiciones de circulación de este género muy distintas. La revista Sur, por ejemplo, fue el lugar de reunión para Borges, Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares cuando prepararon la Antología de literatura fantástica. Es probable que, como señalaron María Teresa Gramuglio y Ricardo Piglia, esa antología fuera parte de una estrategia que intentaba generar las condiciones de lectura para sus propias obras. Las siempre inestables relaciones entre mercado y prestigio tienen una fisonomía muy particular en la literatura argentina.

Tanto la ciencia ficción como el policial o el terror en lengua inglesa tuvieron que recorrer un largo camino antes de ser considerada literatura seria en los países de Occidente y escapar de la categoría de literatura de evasión donde había sido ubicada en la Unión Soviética y en buena parte de las lecturas de la izquierda marxista.

En nuestro país, en cambio, la presencia de Borges construyó dispositivos de lectura que hicieron posible su legibilidad mucho más rápido. De modo que la hipótesis de un new weird argentino debe tener en cuenta estas diferencias cruciales. Si la literatura de M. John Harrison o China Mieville es un después-de HP Lovcraft, los imaginarios fantásticos en nuestra literatura son un después-de Borges. Su presencia es incluso decisiva para los escritores de lengua inglesa. Harrison ha dicho, por ejemplo, que “es imposible escribir ficción extraña sin entender el grado de deuda que tenemos con Borges”.  

Juan Mattio

Fue editor de las revistas culturales “Juguetes Rabiosos”, “La Granada” Y “Sonámbula”. Su novela “Tres veces luz” obtuvo una mención en el premio Casa de las Américas en 2015 y fue editada en Negro Absoluto, colección que dirige Juan Sasturain. En 2017 la Biblioteca Nacional le otorgó una beca de investigación para trabajar sobre la obra de Ricardo Piglia. En 2018 recibió una beca de creación del Fondo Nacional de las Artes para escribir su segunda novela. Coordina talleres de lectura y escritura. Es parte de “Synco”, observatorio de tecnología, ciencia ficción y futuros.

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