Gauchesca

La literatura gauchesca es un sistema literario que hay que diferenciar, aunque parezca obvio, del gaucho. Durante mucho tiempo la crítica estableció una relación entre el gaucho y la literatura gauchesca que resultó equívoca, por ello debemos hacer una clara distinción de estos dos elementos para encarar un análisis del segundo.

El gaucho

Prescindir de una descripción histórica del gaucho, sin menospreciarlo, significa que nos enfocaremos al campo e la literatura como recomienda Borges: “derivar la literatura gauchesca de su materia, el gaucho, es una confusión de desfigura la notoria verdad”. Borges señala también que  el tipo humano que utiliza esta poesía, sus costumbres y creencias, se ha dado en otras regiones del mundo sin que fuera acompañado de una literatura:

La vida pastoril ha sido típica de muchas regiones de América, desde Montana y Oregón hasta Chile, pero esos territorios, hasta ahora, se han abstenido enérgicamente de redactar  El Martín Fierro. No bastan, pues, el duro pastor y el desierto.

Otro autor que ha señalado esta excepcionalidad literaria ha sido Carlos Alberto Leumann en su libro La literatura gauchesca y la poesía gaucha, en un capítulo de extenso título: “Fuera de la Argentina y del Uruguay nunca hubo nada equivalente a la literatura gauchesca”. En él hace una comparación con la equivalente zona de llanura venezolana:

En Venezuela el campesino vivió a veces libre y rebelde como los gauchos, en grandes llanuras que también suelen llamarse pampas, como a asimismo sirvió admirablemente en las guerras contra la dominación española, y domaba potros salvajes que allá dicen cerreros, y sabía salir parado si el animal se volteaba, y era cantor y en reuniones de fiestas sostenía competencias poéticas de cierto modo parecidas a las payadas de contrapunto. Sin embargo nunca tomó consistencia en Venezuela un tentativa de hacer literatura nacional sobre la base de imitar, sistemáticamente, lenguaje y estilo de los antiguos llaneros.

 

Entonces las causas de la literatura gauchesca no deben buscarse en los temas que trata y menos en los personajes que utiliza, sino en las concretas operaciones literarias que las produjeron. De modo que hay que abandonar la idea de que estamos frente a espontaneas creaciones del pueblo cantor y preguntarnos quienes redactan estos poemas, por qué y para quiénes, y qué principios los animaban.

Ilustración: Juan Carlos Castagnino

Los escritores

Los autores de la literatura gauchesca no fueron, la inmensa mayoría de los casos, gauchos, sino hombres de ciudad con niveles educativos variados aunque nunca confundibles con los de los gauchos de las pampas. Vivieron en pueblos y ciudades del Río de la Plata desde la Revolución de la Independencia (1810) hasta entrado el siglo XX y escribieron su obra poética en íntimo compromiso con los sucesos históricos de su tiempo. Los gauchescos son escritores cultos y letrados como los llamados “cultos”, aunque muchos pertenecieron a un estrato localista de la cultura y actuaron en sus circuitos de comunicación, a veces rudimentarios.

Se Hace un diferencia entre los gauchescos y los autores cultos que gozaban de una ubicación superior en la escena literaria de la época aunque un siglo después se haya invertido esa valoración. Los gauchescos ocupan un estrato bajo en la producción literaria por el hecho de comunicarse con un público prácticamente analfabeto, ajeno a los circuitos de las artes y de las letras, utilizando su formas expresivas y tratando de sus problemas.

El público

Uno de los logros fundamentales de los gauchescos, fue el de encontrar un público, que les permitió regir su estética y su poética, transformándolos en un gran movimiento. Ellos eligieron dirigirse a un determinado público, adecuando a esta opción los distintos aspectos del mensaje literario.

En la poesía de Hidalgo por ejemplo, el emisor, el contexto o referente sobre el que se cuenta y canta y el destinatario del producto, son visiblemente el mismo gaucho. Por otra parte José Hernández en el prólogo a La vuelta de Martín Fierro (1879) aspiró a que la lectura de su poesía por los gauchos “no sea sino una continuidad natural de su existencia”. En otras palabras, que ni siquiera ellos percibieran que estaban leyendo sino que creyeran que seguían viviendo sus vidas.

Un libro destinado a despertar la inteligencia y el amor a la lectura en una población casi primitiva, a servir de provechoso recreo, después de las fatigosas tareas, a millares de personas que jamás han leído, debe ajustarse estrictamente a los usos y costumbres de esos mismos lectores, rendir sus ideas e interpretar sus sentimientos en su mismo lenguaje, en sus frases más usuales, en su forma general, aunque sea incorrecta; con sus imágenes de mayor relieve, y con sus giros más característico, a fin de que el libro se identifique con ellos de una manera tan estrecha e íntima, que su lectura no sea sino una continuación natural de su existencia.

José Hernández

Se debe tener en cuenta como punto de partida que el público era distinto de los autores, estos mostraban mayor (Hidalgo) o menor (Del Campo) grado de aproximación, pero sustancialmente fue siempre distinto de ellos. Procedía de un estrato social que no era el de los escritores, estos se encontraban por encima de él. Podía estar integrado por gauchos en armas por los ejércitos de la independencia o por gauchos sin armas que comenzaban a merodear los suburbios capitalinos; por montoneras de las facciones que se enfrentaron durante las guerras civiles o simplemente por los rurales que fueron derrotados por el proyecto económico liberal, repartidos por el campo, por los pueblos, por los suburbios. 

Ese público no existía previamente como tal, puesto que antes de la gauchesca no era sino masa ajena al consumo literario. Los escritores que a él se dirigieron hicieron  más bien una invención, una creación donde antes no había nada.

Como la literatura gauchesca se desarrolla a lo largo de un tiempo más que centenario, en el cual se suceden distintos cambios sociales, no se puede hablar de un público homogéneo, invariable a través de los años. El escritor será un hombre que produce objetos intelectuales para el consumo de un grupo diferente, a cuyos gustos, expresiones e ideas, deberá adecuar el producto literario, tal como apuntaba Hernández.

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