La Generación del 80

En 1880 la argentina empieza a vivir una etapa nueva desde el punto de vista cultural. Ese año, precisamente, se toma como hito de un periodo de creación renovado, que tiene con seguridad cultores que provocan una literatura común: así alcanza a formarse un grupo generacional de autores, nacidos en su mayoría hacia 1850, que producen sus obras entre la década del 80 y el primer lustro del 90.

Unidos por intereses comunes

Como dijimos, muchos autores de la Generación del 80 nacen alrededor de 1850. No obstante, entre algunos las fechas de nacimiento difieren en parte, por lo que hay otras razones sin duda de mayor peso sustancial que sirven para medir aspectos comunes a todos. Se trata y de ahí que se denomine “generación”, de un conjunto de escritores unidos por una visión de la realidad similar y por intereses comunes.

Esa visión de la realidad tiene su razón de ser en asuntos internos que vivía la Argentina y en la penetrante corriente europea que asimilaron los escritores de esta generación.

En cuanto a la Argentina, en 1880 –último año de la presidencia de Avellaneda– se resuelve el tan remanido tema de la federalización de la ciudad de Buenos Aires. Esto, en principio, significó el afianzamiento de la organización definitiva del país, después de muchas décadas de sangrientas luchas.  1880 es el momento en el cual la nacionalidad argentina ya no aparece limitada por el proceso de formación. Luego de una larga espera, la Argentina logra asociar su existencia con la de un Estado cuyas características son las de la forma considerada más normal para un Estado moderno: Estado-nación. Por lo tanto corrían –en particular en Buenos Aires– vientos de esplendor, aun cuando las crisis financieras no dejaban de generar preocupación. Sea como fuere, los hombres públicos de entonces, entre quienes se encontraban los literatos de una aristocracia, cuya base estaba a veces sustentada en la diplomacia y otras en cargos públicos.

La Generación del 80 abrevo en diversas ideas venidas del Viejo Mundo. En esto, se juntan, en diversas áreas pensadores como Taine y Renán –filósofos franceses– como Adam Smith –economista ideólogo de la Revolución Industrial inglesa–, o como los escritores románticos Víctor Hugo y Lord Byron, a quienes les profesaban admiración pese a ser representantes de un movimiento literario al que los hombres de la Generación del 80 desestimaban.

 

Colegio Nacional Buenos Aires (1918)

Los de la Generación del 80 eran hombres, de formación intelectual, que se jactaban de haber compartido aulas  del Colegio Nacional Buenos Aires (fundado por Mitre en 1863), de ser universitarios, ávidos de lecturas “extranjeras”, donde la literatura francesa e inglesa les resultaba por demás atractiva. También hacían gala de una poderosa oratoria en clubes y salones porteños. Allí en estos elegantes ambientes, formaban una elite de preferencias europeístas.

 

El afán positivista

Naturalmente, los románticos encontraban en las utopías el aliciente para contrarrestar las frustraciones de un mundo no pocas veces injusto. Así consideraban el plano de lo teórico-racional como poco estimulante, y lo que es más, como emergente de la “insensibilidad”. Ante esto, los escritores de la Generación del 80 reaccionaron desde un ángulo que los coloca de plano frente a las ideas positivistas que en ese entonces clamaban en Europa: el positivismo (que más tarde va  a atravesar el Realismo y el Naturalismo) plantea un modo de comprender el universo circundante a través de una concepción cientificista, o sea apelando a lo “positivo” en materia de acercar los hechos sin los fantasmas de la sugestión o, simplemente, del sentimiento. De este modo, el ser humano evoluciona por mérito de la inteligencia (según ellos, los positivistas, la concebían) y no valiéndose de la arbitrariedad de las creencias, de las subjetividades.

Este pensamiento que tuvo por mentor al francés Augusto Comte (1798-1857), establece la existencia de “tres estadios”: el ideológico, el filosófico y el positivo. Este último, libre de las trabas emocionales, es el que permite que los fenómenos se conviertan en leyes, aplicables a un mismo tiempo a lo técnico y a lo social.

La filosofía positivista, claro, tuvo mucho de escepticismo y, sobre todo para los tiempos que corrían, de antirreligiosidad. De hecho, los representantes de la Generación del 80, aun cuando no hayan adherido a todo trance al positivismo, y aun cuando en general hayan creído con la fe en Dios, estuvieron más de una vez a contrapelo de las ideas ortodoxamente religiosas de su época.

Es fácil imaginar que, con mayor o menor fuerza, los hombres de esta generación, movidos por el bienestar y el énfasis puesto en el progreso productivo, no podían compartir su visión del mundo y de la vida con aquellos románticos –ya casi extintos en un siglo XIX por despedirse– que creían en sueños  e idilios con el mismo rigor con que los positivistas creían en la ciencia.

 

Pensemos, en el orden de lo político-económico, que la filosofía positivista es la que alienta al capitalismo y al progreso del hombre a partir, precisamente del imperio tecnológico e industrial y, a raja tabla, del bienestar económico producido bajo el ejercicio de la competencia.

Auguste Comte (nombre completo: Isidore Marie Auguste François Xavier Comte) (Montpellier, 19 de enero de 1798– París, 5 de septiembre de 1857) fue un filósofo francés, considerado el creador del positivismo y de la sociología.

diversas corrientes

En el sentido Cabal, una generación no es en sí un movimiento literario. Es, por mejor decir, una expresión signada por un grupo de autores que en un momento preciso encuentra espacio para sacar a la luz sus ideas.

Por eso, esta Generación del 80 no es la oposición férrea al Romanticismo de última hora sino una manifestación en boga que cobra personalidad dentro de un proceso histórico apropiado. Sin duda por esto, cuando el país muestra los vaivenes de su política o su economía, los representantes de la generación que nos ocupa vuelcan en tono de sus escritos la veta pesimista que, más de una vez, encuentra consuelo en la fina ironía o en el humor.

 

Además, es hacia esta década que en la Argentina conviven varias expresiones, lo cual da por resultado un panorama bastante complejo (y rico a la vez) de ideas y estética. Por un lado, los últimos románticos de los que ya hablamos y los cultores de la Generación del 80 y, por otro lado, los poetas de la literatura gauchesca y los incipientes realistas y naturalistas, junto a los cuales también asomaron los primeros modernistas

En este amplio espectro, la Generación del 80 revela a escritores que interpretan a las letras no con el oficio de los literatos sino con el afán de los intelectuales… y, entre otras ocupaciones, está la de escribir, ya sea para transmitir ideas políticas, para relatar experiencias personales (lo autobiográfico los entusiasma mucho) o, en el sentir orgulloso de estos hombres eruditos, para dejar una huella indeleble de cultura.

 

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