Florida

El fenómeno de la vanguardia, como se sabe, a través de su espíritu contestatario, rebelde o lúdico, cuestiona las normas implantadas en materia de arte, literatura, costumbres sociales, entre otras. En la Argentina tuvo una de sus más interesantes manifestaciones y uno de sus períodos más creativos fue cuando las nuevas corrientes artísticas y formas de pensar la cultura recibieron la influencia de la política. En efecto, existieron en Buenos Aires, entre los años 1920 y 1930, grupos literarios que motivaron más leyendas que vanguardias: los mencionados Florida y Boedo. Si bien no marcaron dos actitudes estéticas bien definidas o manifestadas, pasaron a la historia argentina como dos vertientes opuestas.

El Grupo

 

 La calle Forida, calle del ocio de las clases altas. Sus aportes fundamentales a la literatura fue la poesía, a través de la pluma de sus integrantes más representativos: Oliverio Girondo, Raúl Gonzalez Tuñón, Leopoldo Marechal y Jorge Luis Borges, por citar algunos. Sus miembros tomaron elementos del Surrealismo, el Dadaísmo y el Ultraísmo. Se lo considera como la primera vanguardia argentina. Proponían una poesía que se desentendiese de las normativas, tanto en la métrica como en la rima, y vieron que la metáfora debía ser audaz y provocativa. Sus integrantes estaban interesados en un proyecto de identidad nacional y por eso eligieron para su revista el nombre del protagonista del poema gauchesco más popular. En cuanto a lo literario, se preocuparon fundamentalmente por la renovación formal de la literatura, introdujeron en la lengua características del Criollismo (nacionalismo lingüístico e imágenes del arrabal) y como toda vanguardia rechazó lo impuesto por el mercado por eso produjeron una ruptura con el Simbolismo y el Modernismo. Los poetas de Florida estaban al tanto de lo que ocurría en la literatura contemporánea del otro lado del mundo.

Surge y toma forma a  partir de la llegada de Jorge Luis Borges de Europa. Alrededor de la figura del joven Borges (1899–1986) se agruparon los escritores Macedonio Fernández (1874–1952); Ricardo Güiraldes (1886–1927); Oliverio Girondo (1891–1967); Pablo Rojas Paz (1896–1956); Conrado Nalé Roxlo (1898–1973); Luis Leopoldo Franco (1898–1988); Ricardo E. Molinari (1898–1979); Horacio Rega Molina (1899–1957); Leopoldo Marechal (1900–1970); Eduardo González Lanuza (1900–1976); Francisco Luis Bernárdez (1900–1978); Ernesto Palacio (1900–1979); Carlos Mastronardi (1901–1976); Cayetano Córdova Iturburu (1902–1977); Raúl González Tuñón (1905–1975); Eduardo Mallea (1903– 1982); Norah Lange (1906–1972), entre muchos otros.

El movimiento literario se nuclea en torno a la publicación de la revista Martín Fierro, periódico quincenal de arte y crítica libre, cuya publicación se extiende desde 1924 a 1927 a través de cuarenta y cinco números. Aunque defendía los cánones del ultraísmo, abrió sus páginas a otras tendencias y orientaciones; su objetivo era –según su director– “promover la renovación poética y alentarla en toda forma: ayudar a que la juventud realice lo que mi vida no me permitió realizar en literatura. Y ello debido a mi antigua y profunda convicción de la necesidad de elevar el nivel de la lírica en América […] y cumplir aquí, la evolución que la poesía experimentó en otros continentes.»

 

 

La revista literaria Martín Fierro, cuya sede se encontraba en la esquina de la tradicional calle Florida y Tucumán, en la ciudad de Buenos Aires,  fundada en febrero de 1924, con su famoso «Manifiesto», fue el eje de reunión del Grupo Florida. Sin embargo en la misma participaron escritores con estilos más identificables con el Grupo Boedo

En ella se vieron en primer plano el  trabajo de Ramon Gómez de la Serna, el arte vanguardista de Emilio Pettoruti y Arthur Honegger, atacando simultáneamente al venerado escritor Leopoldo Lugones como un icono del pasado y enfrentándose con La Gaceta Literaria una revista española que pretendía fijar en Madrid el meridiano intelectual de Hispanoamérica.

El manifiesto

El 15 de mayo de 1924, en el N° 4, Martín Fierro dio a conocer su “Manifiesto”, escrito por Oliverio Girondo, el cual se caracterizaba por su actitud desprejuiciada ante los nuevos movimientos literarios y por su fe en la capacidad de expresión original:

Frente a la impermeabilidad hipopotámica del ‘honorable público’. Frente a la funeraria solemnidad del historiador y del catedrático que momifica cuanto toca […] Frente a la ridícula necesidad de fundamentar nuestro nacionalismo intelectual, hinchando valores falsos […] Frente a la incapacidad de contemplar la vida sin escalar las estanterías de las bibliotecas: Martín Fierro siente la necesidad imprescindible de definirse y de llamar a cuantos sean capaces de percibir que nos hallamos en presencia de una nueva comprensión que, al ponernos de acuerdo con nosotros mismos, nos descubra panoramas insospechados y nuevos medios y formas de expresión […] Martín Fierro sabe que ‘todo es nuevo bajo el sol’ si todo se mira con unas pupilas actuales y se expresa con un acento contemporáneo.

Florida Vs Boedo

La historia de la literatura muchas veces presenta a estos grupos como antagónicos y a sus integrantes en constante confrontación. Sin embargo, si bien existieron intensas polémicas, el intercambio de lecturas y de textos fue constante y los límites entre ambos grupos nunca estuvieron claramente definidos y sus fronteras fueron siempre posoras. Por ejemplo, el escritor Raúl González Tuñón, quien se consideró siempre parte del grupo de Florida, fue colocado por la crítica en el grupo de Boedo debido a que sus trabajos retomaban temas de corte socialista y proletario. Por otro lado, en las páginas de sus publicaciones se podían leer burlas en forma de epitafios o críticas despiadadas a los autores del otro grupo. Sin embargo, esta rivalidad no fue tal. Muchos de los escritores vinculados políticamente con Boedo frecuentaban las tertulias del grupo de Florida o publicaban en la revista “Martín Fierro».

En enero de 1926, el nº 117 de “Los Pensadores” publica un editorial titulado ‘Nosotros y ellos’, que implica la más clara definición del grupo de Boedo y debe considerarse como su manifiesto: ‘La cuestión empezó en Florida y Boedo. El nombre o la designación es lo de menos. Tanto ellos como nosotros sabemos que hay algo más profundo que nos divide. Una serie de causas fundamentales fomentaron la división. Excluidos los nombres de calles y personas, quedamos en pie lo mismo, frente a frente, ellos y nosotros. Vamos por caminos completamente distintos en lo que concierne a la orientación literaria; pensamos y sentimos de una manera distinta. Repitamos que ellos carecen de verdaderos ideales. Fuera del presunto ideal de la literatura, no tienen otro ideal. La literatura no es un pasatiempo de barrio o de camorra, es un arte universal cuya misión puede ser profética o evangélica”.

Vanguardias del 20′

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