Las aventuras de la china

Por Giuliano

17 junio 2021
Categorías: Novela de viaje
Gabriela Cabezón Cámara propone una de las visitas más definitivas al clásico de la literatura gauchesca, El gaucho Martín Fierro. Es una novela de viaje o “road novel”, de iniciación, de descubrimiento. Narrada desde la primera persona de un personaje que en el texto de José Hernández no tiene más nombre que una denominación genérica, […]

Gabriela Cabezón Cámara propone una de las visitas más definitivas al clásico de la literatura gauchesca, El gaucho Martín Fierro. Es una novela de viaje o road novel, de iniciación, de descubrimiento. Narrada desde la primera persona de un personaje que en el texto de José Hernández no tiene más nombre que una denominación genérica, “la china”. A diferencia de los padecimiento que lo esperan a Martín Fierro cuando es arrancado de su lugar y de la vida de campo junto a su familia, la china es embargada por una felicidad nueva, algo desconocido en sus días junto a su marido “la bestia” que los 14 años se la ganó en una partida de truco.

Los espacios

El relato está estructurado en tres espacios: el desierto, el fortín y tierra adentro. El viaje comienza con el encuentro de la china con Elizabeth, la esposa del gringo que también ha sido reclutado por la ley de leva para que cumpla con su condena en la frontera. Elizabeth será la mentora, la maestra dadora de todo para la joven china: un mundo apretado en la carreta e infinito a la vez; nuevos objetos, palabras, sensaciones, el amor y el sexo fogoso de los cuerpos en el campo que los rodea. La mezcla de lenguas es una clave para comprender esta alianza que entabla Liz con la China, la primera le enseña su idioma colonial con el que se apropia de lo nuevo que se va desplegando irrefrenable. Cabezón Cámara sabe bien que lo que no se nombra no existe, y que el patriarcado borra e invisibiliza lo que después violenta y mata.

Todo debe ser nombrado, el sustantivo, el nominativo primordial, el nombre propio que le ha sido negado a la china también se lo dará Liz y todo reventará de existencia en su nueva vida.


Foto de Martín Bonetto

El desierto

Elizabeth, la China, un perrito llamado Estreya y Rosario, un gaucho arriero que se suma a la trupe, cruzaran el desierto hacia la frontera. La naturaleza salvaje se abre para que todos puedan convivir en armonía en la nueva ecología que propone la autora, un mundo de criaturas abrazadas por el fuego de la libertad. La China inicia el viaje como una fuga y más tarde será una nueva forma de ser. Elizabeth busca a su marido el gringo que conocemos por las descripciones y burlas que le ha dedicado Martín Fierro en sus versos.

El fortín

El fortín, la frontera y la estancia son la misma cosa; el texto sin dejar de ser una colección de bellas aventuras, desnuda el proyecto agrícola ganadero de un país, expresado en el terrateniente José Hernández. Un coronel excéntrico que se encuentra en los límites y nos recuerda con sus métodos al coronel Kilgore encarnado por Robert Duval en Apocalypse Now. Está en la frontera, en el límite, donde se puede permitir suplicios crueles en su afán para domesticar gauchos e ingresarlos en el engranaje del capital. Vive en perpetuas orgias de sexo y alcohol. Odia a las mujeres, al gaucho y al indio casi por igual. Hernández ha conocido a Fierro, y lo ha escuchado cantar los versos que admite haber robado sin empacho para su best seller. La bestia Fierro desertó de su maquinaria-proyecto de quebrar gauchos. En el fortín-estancia se doblega y somete a la “civilización y al progreso” a los pocos gauchos que duran y soportan, pero la bestia no aguantó.

Tierra adentro

La caravana sigue su viaje, remontan el vuelo final hacia tierra adentro. El amor, el sexo, y la felicidad se ensanchan y expanden sin límites. Como en todo libro de viajes, en este tampoco faltan los caprichos del camino donde se volverán a cruzar la China Josephine Star Iron Tararia con “la bestia” MF.

La tierra adentro, es una invitación a la vida y a un paisaje desaforado que se vuelve irresistible e incontrolable ya. Y con esta estocada final la obra pulveriza la metáfora del “mar en la tierra”, del mar como una tierra baldía,  el infinito desierto donde se aloja la barbarie o la nada infértil que tanto gastó la gauchesca del siglo XIX. Por el contrario, nos dicen estas bellísimas páginas: allí cada átomo, cada criatura, cada insecto,  cada animal, u hoja de hierba brilla, no como en una tierra fantástica, o un locus amoenus pastoril, sino desde un espacio real que escapa del patriarcado que hace años no se aguanta más y tiene que caer.

Imagen destacada: El sueño de Henri Rousseau

 

 

Giuliano

Profesor de literatura. Diseño y coordinación de los contenidos de la web.

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