LLuvia de verano

Por Giuliano

14 septiembre 2020
Categorías: Crítica literaria
Otra manera de leer el mundo A los tres años le intrigaba la figura de su abuelo Emilio sentado en el sillón  de cuero, ausente en un círculo de luz, los ojos fijos en un misterioso objeto rectangular. Inmóvil, parecía indiferente, callado. Emilio el chico no comprendía muy bien lo que estaba pasando. Era pre-lógico, […]
Otra manera de leer el mundo

A los tres años le intrigaba la figura de su abuelo Emilio sentado en el sillón  de cuero, ausente en un círculo de luz, los ojos fijos en un misterioso objeto rectangular. Inmóvil, parecía indiferente, callado. Emilio el chico no comprendía muy bien lo que estaba pasando. Era pre-lógico, pre-sintáctico, era pre-narrativo, registraba los gestos, uno por uno, pero no los encadenaba; directamente, imitaba lo que veía hacer. Entonces, esa mañana se trepó a una silla y bajó de una de las estanterías de la biblioteca un libro azul. Después salió a la puerta de calle y se sentó en el umbral con el volumen abierto sobre sus rodillas. Los diarios de Emilio Renzi, Años de formación  Ricardo Piglia

                               

Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada. Anna Karenina León Tolstoi

Margarite Duras nos brinda ya en su madurez, una novela que aborda temas que impregnan también su obra cinematográfica. Lluvia de verano publicada se 1990 retoma el argumento de su film Les enfants de 1984. La recurrencia de la historia, nos sugiere una hipótesis de lectura, frente a las multiples posibilidades que permite el texto: Ernesto lee el mundo mediado por la trasmisión cultural de la madre y crea significados originales con el mundo de siempre, superando el entorno de marginalidad y exclusión en el que vive.

La historia de unos lectores

La historia es la historia de una familia de inmigrantes que habitan los suburbios parisinos en Vitry: el padre, la madre y siete hijos. De los niños solo llevan nombres propios Ernesto y Jeanne, los restantes son llamados brothers and sisters, Ernesto es el mayor y podría tener entre 12 y 20 años, no sabe leer y tampoco sabe su edad. La madre tampoco tiene un nombre propio, su marido la llama Ginetta, Natacha, Emilia, etc. Todos habitan en una ciudad en los márgenes, entre cerros, cerca de una espantosa autopista que rodea un río, una ciudad vieja de casas bajas; allí se genera un espacio propio y disfuncional en el que se cuela el mundo. Los padres si bien supieron trabajar en sus primeros años de residencia en Vitry, lentamente se salieron del sistema, ganados por la pereza y las adicciones. Más tarde fueron llegando los niños y los subsidios del estado con los que sobreviven.

Los padres tienen  algo parecido a una pasión  por los libros que tal vez los ha salvado o que les ha dado una salida. La historia es también la historia de una familia que lee libros, libros que encuentra. El acceso a los libros no ha sido un detalle menor en la historia de la lectura y estos lectores han elegido servirse de los  que circulan abandonados en el transporte público o descartados en las mudanzas, tirados junto a los restos de basura. La literatura es rica en ejemplos de personajes que ante la imposibilidad de comprar libros optan por robarlos o bien por visitar las bibliotecas, por el contrario los de esta novela buscan un encuentro fortuito. Con esta mínima modalidad logran hacerse de un corpus de lectura, desarrollan el gusto por un género particular, prefieren la lectura de las biografías. Aquellas narraciones de vidas que logran destacarse por sobre los demás curiosamente les confirman que todas las vidas al parecer son iguales, más allá de los destinos gloriosos, todos nos parecemos, todos empleamos el tiempo de nuestra vida con mayor o menor éxito pero de manera muy similar. Han leído de la colección Vida de personas ilustres el volumen sobre la Vida de Georges Pompidou  y la lectura les ha permitido revisar sus vidas: “Antes de aquel libro, el padre y la madre no sabían hasta qué punto su existencia se parecía a otras existencias.”(Duras: 2012, 10). Sin duda es esta una de las utilidades de la lectura, si es que podemos expresarlo en estos términos; ya que en la medida en que nos permite conocer el mundo y las circunstancias que nos rodean también nos permite entrar en la piel de los personajes que viven su mundo, con sus deseos, decisiones, sentimientos y sus destinos. La lectura actúa como una fuga pero también con una confirmación del mundo en la palabra escrita, un mundo que contiene inclusive al inmigrante, un sujeto marginado que encarna la otredad del siglo XX y XXI, para sociedades que los aíslan cuando no los rechazan, los  reciben solo como una mano de obra barata y a veces esclava.

Son lectores de biografías y tienen la particularidad de ser lectores de un solo libro, es decir, no abandonan el libro que se han propuesto acabar aunque sea un bodrio indigerible, no pueden abandonarlo sencillamente y o comenzar otro para mitigar su tediosa lectura. El libro resulta un objeto desconectado de la biblioteca y solo funciona si se lo aborda con las instrucciones explicitadas en un contrato que no permite la lectura fragmentaria sino un plan lineal para que resulte exitoso. Ernesto, el primogénito, no solo cuestiona las estrategias pedagógicas escolares sino que es justamente otro tipo de lector, es el que construye un corpus de variadas lecturas que se superponen y ramifican. Es un lector que se ubica en lo que  Roger Chartier llama “la tercera revolución de la lectura”. Roger Chartier es uno de los historiadores que se ha interesado en la historia de la lectura, planteando que puede pensársela de acuerdo a las formas de lectura que se han dado a través de los siglos, es decir que los hombres y las mujeres  no han leído siempre de la misma manera. Ha habido varios modelos de lecturas, varias “revoluciones de la lectura”, modificando sus gestos, costumbres y una historia de la lectura significa establecer un inventario de esos modelos y esas revoluciones para favorecer la comprensión de la misma (Cavallo, Chartier:…63).

La lectura

A principios de verano en un sórdido cobertizo lleno de caños de desagüe y escombros, los niños encuentran un objeto que contemplan largo rato: se trata de un libro gordo encuadernado en cuero negro, modificado en su anatomía, “una de sus partes había sido quemada de lado a lado con un artefacto desconocido, pero que debía tener una potencia aterradora (…) el agujero de la quemadura era perfectamente redondo” (Duras, 2012: 12). Este rasgo de crueldad indescifrable que  contiene el libro sugiere la causa del fenómeno que se produce cuando Ernesto logra aprender a leer. Sorprendentemente para todo el mundo Ernesto desentraña el lenguaje, suma sentidos que arbitrariamente le asigna a cada dibujo del libro quemado y brota una historia de un cierto rey de un cierto país. Con esta epifanía producto de la contemplación de un libro-metáfora del registro simbólico que trabaja con la lógica de loa falta, un agujero alrededor de la cual se organizan los significantes, así comienza su camino como el lector del futuro grávido de absurdo y ciencia ficción fantástica. Los niños si bien no han sido escolarizados y están en una suerte de limbo traen un entrenamiento particular en las lecturas que, a través de la madre realizan del mundo pero Ernesto logra dar un  salto cualitativo.

Leerá ese libro, y todos los libros de todas las disciplinas posibles actuando con la simultaneidad que hoy lo hacemos en la lectura electrónica. Esta “tercera revolución” que significa la lectura del texto electrónico según Chartier es la que genera un lector que entra en relación directa con el texto, lo modifica, lo reorganiza, lo edita y redefine la materialidad del objeto, se rompe con el formato libro tradicional como soporte inalterable que solo ofrece los márgenes para que el lector intervenga. Tanto Ernesto como el lector de nuestros días, confecciona el libro con su lectura y sobreescritura generando una nueva literatura que coloca en un lugar completamente distinto a los hombres y mujeres que han leído de otras maneras desde los primeros días de la lectura. (Cavallo, Chartier: 51-52-5354).

La zona

¿Por qué Ernesto, Jeanne y los brothers and sisters han accedido y accederán de otro modo a la lectura? Entendemos que en ellos se ha descargado un mundo de orígenes desconocidos y acrisolado: el padre, Emilio Crespi, es italiano del valle del Po pero Hanka Lissovskaïa viene de un lugar incierto:

Venía de Polonia pero no había nacido en Polonia. Había nacido antes de que sus padres se fueran de Polonia, pero nunca había sabido donde, un pueblo había dicho su madre, algún lugar en el desorden de poblados entre Ucrania y el Ural. (Duras, 2012: 49)

Un misterio no solo para los niños sino también para Emilio que se pregunta de dónde ha llegado aquella mujer que entró a su vida como un rayo, como el fuego, como una reina, como una felicidad loca encadenada la desesperación(Duras: 2012: 50). Este origen difuso y lejano que los priva de saber donde descansan sus antepasados también opera redefiniendo las categorías de la cultura tradicional y hegemónica. Viven en un lugar enrarecido, a un lado del mundo y vagan por un espacio poético  que les ha presentado la madre, alguien fuera de significantes fundamentales como el nombre propio. Así se funda este microcosmos familiar prescindiendo de muchísimas cosas menos de una transmisión como lo entiende Michèle Petit en Leer el mundo:

Te presento aquellos que te han precedido y el mundo del que vives, te inscribo en la serie de las generaciones a fin de que no flotes demasiado, lo largo de toda la vida(…) Te presento a aquellos que te han precedido y el mundo del que vienes, pero te presento también otros universos para que tengas libertad(…) Te entrego trocitos de saber y ficciones para que estés en condiciones de simbolizar la ausencia y hacer frente, tanto como sea posible, a las grandes preguntas humanas, los misterios de la vida y la muerte, la diferencia de los sexos, el miedo al abandono, lo desconocido, el amor. La rivalidad. Para que escribas tu propia historia entre las líneas leídas. (Petit, 2016: 23-25)

De esta manera han desarrollado un mundo mágico, una zona en la que se ha inscripto su realidad como la realidad. Se ha inaugurado un espacio similar al de aquella zona de la película Stalker de Andrei Tarkovski basada en el libro Picníc junto al camino de los autores Arkadi Strugatsky y Boris Strugatsky, donde los personajes quedan a la vera de un territorio modificado por una fugaz visita de extraterrestres que altera de leyes físicas y químicas del lugar; este territorio es aislada por el ejército y permanece vedado a las personas pero quienes por alguna razón se adentran en ella desarrollan un vínculo insano, adictivo, liberador de la realidad que los asfixia y aunque sus vidas quedan signadas por la zona también se les vuelven más tolerables.  La literatura por momento fantástica y absurda de Lluvia de verano muestra escenarios mágicos como los del film que mencionamos antes y así es lo como describe la autora cuando recuerda los sitios reales que elige para contar la historia: “mientras escribía el libro hice unos quince viajes a Vitry. Vitry es un suburbio aterrador, inhallable, indefinido, al que de pronto empecé a amar.” (Duras, 2012: 123).

Pedagogos y mediadores

Margarite Duras pone en cuestión el aprendizaje de la lectura o la alfabetización. ¿Por qué prescinde Ernesto de la asistencia del educador y la institución escolar? Solo asiste a la escuela diez días para concluir que no vale la pena continuar  ya que en ese lugar solo le enseñan cosas que no sabe. En esta ficción enigmática y desafiante para los lectores se expresa la idea de que los hombres somos educados entre nosotros, mediatizados por el mundo que traemos y transmitimos a nuestros pares. Entendiéndose que no solo leemos la  palabra escrita, sino que ésta, es solo una posibilidad más del complejo aparato de lectura que construimos con el andamiaje de un Otro, como lo expresa el pedagogo latinoamericano, Paulo Freire en su trabajo de apertura del Congreso Brasileño de la Lectura en 1981:

En la medida que fui penetrando en la intimidad de mi mundo, en que lo percibía mejor y lo “entendía” en la lectura que de él iba haciendo, mis temores iban disminuyendo. La “lectura” de mi mundo, que siempre fue fundamental para mí, no hizo sino de mí un niño anticipado, un racionalista de pantalón corto. La curiosidad del niño no se iba a distorsionar por el simple hecho de ser ejercida, en lo cual fui más ayudado que estorbado por mis padres (…) el desciframiento de la palabra fluía naturalmente de la “lectura” del mundo particular. (Freire, 2013: 99)

Como vemos, es imposible reducir el acto de la alfabetización y en particular de la lectura al mero desciframiento de los signos lingüísticos, de las silabas y a la mecanización memorística de la normativa; justamente es de lo que se mofa Jeanne, cuando habla con el periodista, ella dejó la escuela antes que su hermano en medio de estos ejercicios pedagógicos:

Íbamos por lo de Popol. “Papá pega a Popol” ¿Y por qué papá pega a Popol? Papá nunca le ha pegado a Popol. El maestro inventa que papá le pega a Popol para poder decir: papá le ha pegado a Popol. Pero papá nunca le ha pegado a Popol, nunca, nunca. (Duras, 2012:96)

El mismo Ernesto se burla, “Nos educamos bien, así que leemos libros. El último fue Tintín en Prisu. Contaba que Tintín leía… ¿Y dónde? En Prisu. Risa general.” (Duras, 2012: 34).

El ingreso a la lectura de la palabra debe hacerse con la ayuda de un mediador pero, justamente el alfabetizador no debería ser más que un medio para que se continúe a través de la creatividad del educando una lectura donde la palabra escrita sea una continuidad invocando a los conocimientos y mecanismos de significación que ya se tiene incorporados. Ernesto, Jeanne y los brothers and sisters, han recibido el mundo,  a través un Otro que ejerce con su voz la comunicación de las palabras, las ideas, los pensamientos y los sentimientos para construir una subjetividad. La necesidad  de relatos para generar una red de significantes y leer más tarde el mundo con ellos, es lo que aseguró  la continuidad de la cultura. Los relatos de la madre han sido fundamental para que estos niños construyan una mínima comunidad, casi como una manada para poder escapar del entorno amenazador desde que nacieron hacia su propio mundo. La madre con dulzura, encantadora como una sirena entona a veces un canto al parecer de inmigrantes, que llaman La Neva. La letra había sido olvidada pero su voz sin palabras contaba: “(…) cuán difícil y terrible era la vida, cuán adorables y puras eran estas personas, los padres y hasta qué punto lo ignoraban, eso también lo decía. Y también que ellos, los hijos, sí lo sabían.”(Duras, 2012:89).

Como lo señala Michèle Petit, “las palabras no caen del cielo, no menos que el pensamiento. Si un niño tiene competencias lingüísticas cuando viene al mundo, estas se despliegan por medio de una intersubjetividad con un adulto” (Petit: 2016, 84). La mujer, Hanka a través de narraciones orales presenta a sus hijos conocimientos sobre el amor, el desencuentro de destinos que se cruzan en un tren durante horas y se aman, la larga noche polar, el frio y el silencio en las estepas, el Ártico y sobre todo los modos y las maneras de contar estas cosas. Historias, inesperadas que se graban a fuego en aquellos niños. La mediación se consuma a pesar de sus miedos, su ignorancia y el abandono con que siempre los amenaza. Surge una posibilidad de diferenciación con el mundo que los recibe y que sin ayuda habría sino inaprensible.  Con todo ello, este grupo familiar, distópico y endogámico despierta la curiosidad de la prensa y el amor de un maestro de vida gris que los comienza a visitar como si hubiera descubierto un planeta nuevo.

De la  lectura del mundo a la lectura de la palabra

Ernesto mediante un insight aprende a leer, como ya sabía hacerlo con el mundo; como en las noches de abandono o los paseos por la ciudad a la que son arrojados, busca en su interior su interior y encuentra el modo. La escolarización llega tarde y solo le quita aquello que sabe, volviéndole necesario saltar etapas pedagógicas a lejanas universidades, tal vez como un gran maestro. El tierno y desesperante amor de la madre le ha regalado una suerte de reserva poética y salvaje en la que siempre abreva  para darle forma a lugares don vivir, habitaciones propias donde pensar (Petit: 2016, 53). No se pregunta si lo ha hecho bien, no se pregunta si eso es la lectura ya que comprendió que no se trataba más que de un desenvolvimiento continuo dentro de su propio cuerpo de una historia inventada por él. Coincidimos con esta definición de la lectura y entendemos como Paulo Freire que “la lectura de la palabra, de la frase, de la oración, jamás significó una ruptura con la ‘lectura’ del mundo. Con ella, la lectura de la palabra fue la lectura de la ‘palabra mundo’.” (Freire: 2013, 100).

La palabra escrita brinda una posibilidad de lectura infinita que se resignifica, que es móvil e inaprensible. Lo que recordamos de la lectura no es lo que hemos leído y lo que estamos leyendo no siempre es lo que dice la palabra, sino una manera de entrar en el mundo que ya hemos leído sin palabras pero con todo lo que no se puede nombrar. Cuando Ernesto habla del libro quemado nos habla de todos los libros y de la lectura:

…es como si el conocimiento cambiara de aspecto Señor… Desde que se entra en esa especie de luz del libro… se vive en el deslumbramiento (…) aquí las palabras no cambian de forma, sino de sentido… de función (…) ya no tienen un sentido propio, remiten otras palabras que no conocemos, que no hemos leído ni escuchado jamás… cuya forma no hemos visto nunca, pero de las que sentimos… de las que sospechamos… el lugar vacío o el universo… no lo sé. (Duras: 2012, 87)

Conclusión

Margarite Duras nos propone una historia perturbadora  y escurridiza que podemos abordar teniendo en cuenta nuestra hipótesis y muñidos de ella atravesar la polisemia de una poética tan hipnótica como inquietante, propio de toda obra que vuelve ineludible el encuentro con la verdad. La recurrencia de algunas preguntas y algunas respuestas ¿para qué sirve leer? Ernesto lee el mundo, las palabras y todos los significantes hasta convertirse en un sabio al que la vida se le ha vuelve más tolerable. Como lo expresa la autora que venimos siguiendo: “leer sirve para descubrir, no por el razonamiento sino por un desciframiento inconsciente, que lo que nos atormenta, lo que nos asusta, nos pertenece a todos” (Petit: 2016, 57). ¿Cómo accedemos a la lectura? Siempre,  nos la facilita un Otro que nos presenta el mundo para que podamos apropiarnos de él, con todo lo ello significa y contiene, la decodificación de la palabra escrita es parte de un continuum, interno, anímico y psicológico. En definitiva entendemos, que la lectura se trata de un capital que adquirimos y que trasmitimos de generación en generación construyendo una historia que cambia y se modifica de acuerdo a los modos de lectura que surgen generando otras realidades como otras literaturas.

Bibliografía

 

  • Chartier, R., Guglielmo, C., Historia de la lectura en el mundo occidental, Madrid, Taurus, Alfaguara, 2001.
  • Duras, Margarite, Lluvia de verano, Buenos Aires, Cuenco de plata, 2012.
  • Freire, Paulo, La importancia de leer y el proceso de liberación, México, Siglo XXI, 2013.
  • Petit, Michèle, Leer el mundo, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2016.

 

Giuliano

Profesor de literatura. Diseño y coordinación de los contenidos de la web.

Entradas recientes

Categorías

Archivos

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Pin It on Pinterest

Share This

Compartir

Compartí ésta publicación con tus amigos