Los suicidas del fin del mundo

La primera edición de este libro es exactamente de  septiembre del 2005, editorial Tusquets, colección Mirada Crónica  y ya para entonces los casos de suicidios habían superado por un gran número a los doce casos de los que se ocupa la investigación. Es una crónica extensa sobre un grupo de  jóvenes suicidas,  de entre 18 y 28 años,  que pertenecían a familias modestas pero tradicionales de Las Heras,  un pueblo petrolero de Santa Cruz, de vientos enfurecidos y tierras fértiles en hidrocarburos.

La crónica

La acción está contextualizada en los años 90. En  el año 1995 Carlos Saúl Menem logra la reelección. Un gobierno que decantó en uno de los más estrepitosos fracasos políticos y económicos. La crisis social generada por estos años, se evidencia en las provincias que, con un estado desguazado y sin aparato productivo, quedan abandonadas a la buena de dios. Este clima insufrible inicia un ciclo de protesta social que inaugura el piquete de Cutral Có primero y más tarde en General Mosconi en Salta, ambos polos energéticos.  Esta modalidad irá en aumento hasta el final del gobierno que se irá a pique de la mano de la precariedad institucional, desapego a la ley, corrupción generalizada, el menosprecio parlamentario, la ostentación del poder y falta de ética pública.

Con este panorama una coalición de partidos tradicionales y emergentes llega al poder en 1999 cuando la bomba que deja el menemismo ya es un estallido en ciernes que se concretará en 2001 en rechazo a un sistema de representación caduco y decadente y una crisis social insalvable.

La lucha piquetera que se mantiene activa desde mediados de los noventa alcanzó un punto fatal en diciembre del 2005,  en este libro funciona como la crónica de una muerte anunciada. Santa Cruz  tiene el 19% de las áreas de YPF, lo que representa el 25% de la producción de crudo de la compañía (totaliza casi 21 millones de barriles) sin embargo, los especialistas califican la producción de la zona como “pobre” por la antigüedad de sus yacimientos de manera que requieren grandes inversiones en exploración, producción y sísmica. YPF se privatizo durante el primer gobierno de Menem. En el año 95 con un desempleo 20%, 7000 personas se fueron  de las Heras y al 2002, dice Leila: “Quedaron los que estaban cuando fui. No todos, pero si muchos, eran los solos y los dolientes, los rotos en pedazos. De algunos –no de todos– habla esta historia.”

Los suicidas del fin del mundo,  presenta una colección de perfiles que expresan el espíritu del lugar y describen a las victimas ausentes como si tratara de aquel memorable perfil de Frank Sinatra que hace Gay Talese,  en el que el periodista no llega nunca a entrevistarlo y perfila al cantante entrevistando a todos aquellos que lo rodeaban o recorriendo los mismos lugares que él. Ha dicho Leila Guerriero: “Todos los periodistas latinoamericanos somos expertos en perfiles: en su escritura, en su análisis, en su confección. No nos vamos a la cama sin llevarnos el Frank Sinatra está resfriado  de Gay Talese”. El pueblo se manifiesta en la polifonía del perfil de Roberto Beltrán o a Jorge Salvatierra o Martina Díaz, en los piqueteros, en la voz del viento que se cuela y taladra los huesos o en los no lugares que definen la ciudad. Leila Guerriero en esta crónica su sensibilidad realiza una katábasis, un descenso hacia el horror.

 

Los suicidas del fin del mundo no nos cuenta algo que paso allá lejos y hace tiempo, nos habla de una realidad que no cejó en su derrotero, los suicidios continúan en un lento goteo, muchos obreros petroleros que lograron quebrar la división que impuso la burocracia sindical, fueron encarcelados, torturados, procesados y enjuiciados por los fiscales y jueces serviles al poder petrolero, que tanto militariza poblaciones para que se cumpla su ley como invade países para hacerse del recurso. Hoy se imponen más que nunca las voces que trae este texto.

 

Otras obras de la autora

  • Una história sencilla
  • Plano americanos
  • Frutos extraños
  • Opus Guelber

Pin It on Pinterest

Share This