Negritud, esclavismo y explotación

Por Giuliano

22 octubre 2022
La Negrinha de Monteiro Lobato y A Negra de Tarsila do Amaral Lo que se conoce como Pre-Modernismo brasilero y que podemos ubicar en últimos años del siglo XIX y los primeros del siglo XX, refleja en sus obras la dura realidad de un país convulsionado, atravesado por disputas internas del corrupto poder político, que […]

La Negrinha de Monteiro Lobato y A Negra de Tarsila do Amaral

Lo que se conoce como Pre-Modernismo brasilero y que podemos ubicar en últimos años del siglo XIX y los primeros del siglo XX, refleja en sus obras la dura realidad de un país convulsionado, atravesado por disputas internas del corrupto poder político, que se turna en el estado para vampirizar a una parte del pueblo. Grandes revueltas sociales como la guerra de Canudos, narrada de forma inigualable por Mario Vargas Llosa en su libro La guerra del fin del mundo, agitan un clima que los artistas no pueden soslayar. El Pre-Modernismo es un periodo necesario en la transición del Simbolismo al Modernismo y en la búsqueda de una identidad cultural propia.

Entre los autores que se destacan como parte de este período se encuentra Monteiro Lobato. Su particular obra va de la literatura infantil y pedagógica a la fuerte denuncia social en la que desnuda la hipocresía de la clase acomodada y las instituciones cómplices de los crímenes del racismo y la explotación laboral. A esta última faceta literaria pertenece el cuento Negrinha, que analizaremos brevemente en relación a la obra A Negra de la artista modernista y antropofágica Tarsila do Amaral. 

La dura historia de Negrina, es la historia de miles de almas anónimas. Es la realidad inmediata la que refleja el autor, aunque la contundencia, justamente de lo real, se nos presenta como una exageración macabra y siniestra. Negrinha, es hija de esclavos, nacida en barrio de esclavos, huérfana; desde los cuatro años rueda por las calles como un gato muerto de hambre hasta que la buena caridad de doña Ignacia hará que se arrepienta de haber nacido. El tono irónico de Lobato no se hace esperar y desde las primeras líneas del cuento nos acompaña: 

Excelente senhora, a patroa. Gorda, rica, dona do mundo, amimada dos padres, com lugar certo na igreja e camarote de luxo reservado no céu. Entaladas as banhas no trono (uma cadeira de balanço na sala de jantar), ali bordava, recebia as amigas e o vigário, dando audiências, discutindo o tempo. Uma virtuosa senhora em suma — “dama de grandes virtudes apostólicas, esteio da religião e da moral”, dizia o reverendo. Ótima, a dona Inácia. 

Toda una noble dama que se sacrifica adoptando a negrinha, ya que odia a los niños y sobre todo que estos lloren sin importar si lo hacen de frío, hambre, sed o por las torturas que ella misma les propina. El Sacerdote, fiel exponente de la hipocresía de las instituciones religiosas, no tiene más que palabras de elogio para la señora. Doña Ignacia no acepta los cambios que en la sociedad se vienen dando y desde el 13 de mayo de 1888, fecha en que es abolida oficialmente la esclavitud, siente que le arrebataron parte de sus derechos. Y para que no se marchiten sus habilidades en el arte del castigo,  despunta el vicio con Negrinha, mientras añora los tiempos dorados en que se podía hornear una esclava para dar un ejemplo gratis a sus pares.

El relato de Lobato es la descarnada radiografía de un Brasil atravezado por la miseria, la pobreza de una clase y los abusos de otra que no está dispuesta a resignar nada de su poder y posición de privilegio frente a las minorías, a las que solo le están permitidos los padecimientos. La literatura visibiliza a este subalterno, y enrostra el avasallamiento de los más básicos derechos humanos. Más aún, nos pone al tanto de que los derechos humanos de estos restos sociales no quieren ser puestos en discusión. Negrinha, no es tratada como una persona, es animalizada, comparada con una peste o insecto, es despojada de todo: un nombre, de la posibilidad de reír, jugar, andar, hablar, llorar, en suma, no se le permite ser:

Aprendeu a andar, mas quase não andava. Com pretextos de que às soltas reinaria no quintal, estragando as plantas, a boa senhora punha-a na sala, ao pé de si, num desvão da porta.

— Sentadinha aí, e bico, hein?

 Negrinha imobilizava-se no canto, horas e horas.

— Braços cruzados, já, diabo!

 Cruzava os bracinhos a tremer, sempre com o susto nos olhos. 

El racismo de la sociedad está naturalizado, las prácticas esclavistas continúan y desmontar este sentido común es parte de la dura tarea que se impone el autor. Esta propuesta de encarar un arte comprometido y transformador, es un rasgo fundamental del Pre-Modernismo. Las obras de autores como Monteiro Lobato, son también una crítica al Romanticismo y a cierto arte que no reflejaba la realidad. Por otra parte, Lobato entiende, que la construcción de una gran nación tiene que comenzar por reconocer aquello que hay que cambiar. Y para asumir todo lo que se debe mejorar hay que mostrarlo; este es solo el comienzo para incluir a la totalidad de un pueblo que desde los tiempos de la colonia, motoriza y sostiene la economía, sobreviviendo en las peores condiciones para que la sociedad blanca acceda a sus lujos imperiales. 

Esta crítica social, que se inicia en el Pre-modernismo, continúa en el Modernismo, al que podemos pensar a partir del año 1922. Se proyecta también, la búsqueda de una identidad artística, de un arte con elementos propios,  nacionalistas; sin desatender el carácter experimental que se expresa en las vanguardias europeas pero transformandolas, con el agregado de una fuerte valoración de la diversidad étnica y cultural.

Tarsila do Amaral desde los inicios de su obra presenta elementos revolucionarios que la posicionan en el lugar de las vanguardias. A su primera etapa, pertenece la obra A Negra, una tela que tiene rasgos del cubismo, del constructivismo, del surrealismo, la antropofagia y el primitivismo; es decir, todos elementos que se expresan en el modernismo brasilero. Muchas son las interpretaciones que se han hecho de esta obra: lo primitivo y ancestral se impone, la fuerza totémica de una imagen maternal que expresa los valores de la negritud, lo autóctono y singular. No es la alegoría cristiana de la mujer virginal, sino una imagen que expresa también la potencia sexual, el misterio pagano de la otredad afro-brasileña. 

Esta obra es el retrato de una esclava que bien pudiera ser la madre de Negrinha, pero es la esclavitud toda la que se retrata y expone; inspirada en una supuesta exclava que Tarsila conoció de niña. La esclava muestra en su desnudez la majestuosidad de lo negro, que es reivindicado por la artista, proponiendo un humanismo activo y concreto, destinado a todos los oprimidos del planeta. En este sentido hay en la composición, espacio para la crítica y la celebración de los valores de una identidad local. 

El fondo de la figura son formas simples, horizontales y verticales, líneas que recuerdan la geometría del cubismo, canibalizadas para generar un contraste con las redondeces de la Negra. Un seno gigante expresa la potencia de lo femenino y la maternidad pero también encierra la crítica social. Se ha visto en este rasgo una deformación característica, que se daba en los pechos de las nodrizas esclavas, producto de una práctica que consistía en atarles rocas en los senos para que los mismos dupliquen su tamaño, permitiéndoles así amamantar a un niño en sus espaldas, a la vez que trabajaban. 

Mientras Negrinha apenas se asoma, por una breve ventana de tiempo a la escala humana, cuando se le permite jugar, andar, conocer un juguete y experimentar una epifanía que la vuelve consciente de su ser,  solo para morir más tarde por la depresión que le provoca haber conocido algo parecido a la libertad; la Negra de Tarsila parece radiante de existencia y hasta superior, trayéndonos a la retina las imágenes de las venus prehistóricas de la fertilidad. Ambos autores nos advierten que es algo tan divino como la vida humana lo que se está pisoteando, negando y exterminando.

Tanto Negrinha de Monteiro Lobato como A negra de Tarsila do Amaral, exponen las heridas abiertas por el racismo y la explotación. El primero tiene la ardua tarea de comenzar a visibilizar esta realidad, hasta el momento desdeñada por el arte, y la segunda, denuncia e impone a la vez que reivindica una nueva forma de mirar y redescubrir Brasil. Devorando todo lo que de Europa sirva a los fines de regurgitar un arte propio y auténtico, Moderno y consciente de las fuerzas políticas sociales y culturales que se tensan  en su poética.

 

Giuliano

Profesor de literatura. Diseño y coordinación de los contenidos de la web.

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