Poema

Eština: Caligram Apollinaira Français : Calligramme de Guillaume Apollinaire

El termino poema tiene una raíz griega que nos llega a través del latín. En el mundo romano hace referencia a la construcción en verso y en el griego deriva del termino poiesis, acción creadora o transformadora, algo fabricado o construido y el texto poético era justa mente algo construido con ciertas características y particularidades.

 

 

particularidades

Los poemas están organizados de acuerdo con principios de regularidad de rítmica. El verso es la estructura formal mínima y puede tener, en relación con el resto de la composición de la que forma parte, determinada medida rítmica. Algunas formas poéticas como el soneto, los versos se agrupan regularmente en estrofas. En cambio no tienen división estrófica determinadas formas como los romances, compuestos por un conjunto variable de versos con medida y rima, los poemas de verso blanco o sin rima y los de versos libres, sin medida ni rima. En este caso que predomina en la poesía contemporánea, la dimensión musical se construye a través de otro tipo de regularidades. Desde finales del siglo XX son frecuentes también los poemas en prosa, composiciones breves, compactas y autónomas, que utilizan recursos propios de la lírica pero que se presentan en la página como una secuencia continua de oraciones.

El poema es tal vez la composición  literaria en la que la interacción de significados es más intensa y compleja. Sin abandonar del todo su sentido literal y denotativo, las palabras que constituyen el discurso poético amplían su valor semántico desplegando su valor connotativo y metafórico. Esta presencia connotativa se manifiesta a través de recursos denominados figuras o recursos retóricos, que consisten en utilizar palabras o frases de un modo diferente al habitual. Las figuras pueden operar en un plano fónico (aliteración), morfológico (hipérbaton) o semántico (metáfora). No son exclusivas del discurso poético, pero cuando aparecen en este refuerzan  su capacidad sugestiva.

La cultura clásica también considera a la lírica, como un tipo de composición específica que trasmite una mayor subjetividad y que originalmente fue concebida para ser acompañada por la voz y la lira. El ritmo y la melodía son elementos constitutivos del lenguaje poético. En nuestro idioma, poesía, puede utilizarse  en sentido amplio para hacer referencia a la  a la literatura en general, remitir a la lírica como género específico o aludir a un pieza individual. Por otra parte el término poema tiene sobre todo este último sentido, remitirse a una composición lírica concreta y particular.

Charles Baudelaire. Fotografía: Behance / Cecile Carre

Poesía visual Guillermo Deisler

lenguaje poético

Críticos y petas han efectuado numerosas y diversas caracterizaciones del lenguaje poético. Como notas propias de este lenguaje se suelen señalar, entre otros rasgos la estrecha relación que existe entre el plano fónico y el semántico, la autorreferencialidad, la potencia de la polisemia, la primacía de la imagen, y la búsqueda de una expresión para aquello indeterminado, lo ambiguo, lo inefable.

El poema tiende a generar un efecto de unidad sin depender de un anclaje espacial temporal, sino mediante la constitución de un yo lírico, instancia que Asume la enunciación y que aunque se presente como un punto de vista relativamente estable conviene considerar siempre como una voz construida, compleja y variable. Este puede asumir las perspectivas más diversas, ser plural, impersonal o cuestionar la identidad misma del yo. Aunque en el poema se intensifiquen las vivencias y emociones subjetivas, ese yo no está nunca encerrado en sí mismo, siempre hay otro u otros a los que se dirige con los que entabla una trama multidimensional.

 

La espacialidad es otro de los elementos constitutivos  de la lírica escrita y se manifiesta en la página en blanco que rodea el poema, los saltos entre estrofas, los sucesivos fragmentos, las rupturas de lo lineal, el texto´-dibujo, la experimentación tipográfica, etc. Estos aspectos visuales participan del poema dándole movimiento, densidad, lentitud, equilibrio o disgregación. Inciden tanto en la lectura en voz alta como silenciosa exigiendo al lector que repare en su disposición espacial construyendo formalmente, ritmo, sonidos, y silencios.

Definiciones

Se han propuestos muchas maneras de clasificar el género lírico. Los griegos distinguían las comp0osiciones  monódicas y las corales. Establecieron subgéneros a partir del contenido y el tono de los poemas: himnos, epitalamios, ditirambos, etc.

En el siglo XX los formalistas rusos teorizaron en la búsqueda de definir la especificidad del lenguaje poético e hicieron grandes aportes. Mijaíl Bajtín, por otra parte cuestionó el contraste que el formalismo establecía entre el lenguaje literario y el cotidiano. Para Bajtín, ninguno de los supuestos rasgos diferenciales, como el relieve del aspecto fónico, están ausentes en el lenguaje habitual aunque sí se intensifican de modo intencional en el discurso literario. Pero este no puede realmente comprenderse si se eliminan las valoraciones sociales de los enunciados, si no se considera su densidad histórica, si no se participa en su atmosfera ideológica.

A mediados de la década del 1970 la teórica de origen búlgaro Julia Kristeva retoma el aporte de los formalistas rusos sumando conceptos de la lingüística estructural y el psicoanálisis. A finales de la década de 1980, el filosofo francés Jacques Derrida  ensaya una nueva definición de poesía. La poesía, platea Derrida, parece decir de sí misma que ella es algo dicho en voz alta para alguien, un dictado, y a través de las insistencias y las repeticiones que la caracterizan demandar que se la aprenda de memoria: “lo poético, digámoslo, sería eso que deseas aprender, pero de lo otro, gracias a lo otro y bajo su dictado, par coeur (con el corazón/de memoria)

 

Contra los poetas

por Paco Urondo

Me resulta inaguantable tropezar con la palabra poesía escrita con mayúscula; o que se diga de un poema que “toca lo esencialmente humano”; que se infle el asunto. Creo que comer, o gritar o hacer el amor, o reírse, o etc., es también y por ejemplo, una manera de tocar –o expresar, para ser más precisos– lo que se ha dado en llamar esencialmente humano. De no ser así tendríamos que identificar al poeta con una suerte de vaca sagrada, de intocable, de pajarón, que con voz misteriosa recita Poesía, toca lo esencialmente humano. Y esto es mentira, y por suerte. Lo lamentable es que generalmente sean poetas quienes colocan las cosas, su oficio, en este terreno pringoso, de autoadulación. Su actitud es parecida a la que suele adoptar la gente de publicidad que dice “crear”, en el sentido artístico, cuando en el mejor de los casos se está inventando un slogan o imaginando una disposición gráfica vendedora. De todas formas estos hombres de la publicidad insuflándose, sobrevalorando su oficio, pueden obtener de él mejores honorarios. Pero esta justificación, esta gratificación en el terreno práctico, no ocurre con los poetas, ya que ninguno, al menos en Argentina, vive de su profesión de poeta. Así se trataría el suyo, de un gesto meramente ramplón, sin atenuantes.

 

 

Es que los poetas son a menudo adolescentes tardíos; de esta manera se sienten perseguidos, incomprendidos, solos y ansiosos; es también que buscan gratificación donde no pueden encontrarla: no hay dinero para ellos y, por otra parte, al prestigio lo rechazan y muchas veces por mera vanidad. Por cierto la gratificación para el poeta se identifica con la comunicación y también con el gozo por la cosa realizada; esto complica las cosas, el asunto no es fácil, y menos en nuestra época que fomenta sus debilidades. Pero la poesía no es consecuencia de este sector subdesarrollado, o neurótico, de la personalidad del poeta. Si bien el poeta ciertamente es un bicho raro, lo es por sus limitaciones y no porque escriba poemas. Cuando hace poesía, cuando escribe, no se pone raro ni solemne, se pone serio, concentrado. No necesita hacer –aunque lo haga– chiquilinadas, o travesuras, o canalladas, o estupideces, por más simpáticas o envidiables o censurables o tolerables que ellas puedan parecer. Tampoco cabe el transcendentalismo. Además, ser poeta en un país ahora dependiente como el nuestro, y en consecuencia un poco provinciana, es todavía una actividad de excepción, prístina; aunque se lo rechace sigue siendo “el vate”. Así dos fuentes alimentan esta versión exagerada, ampulosa del poeta y de su trabajo: la propia estimación y la estimación obsecuente –o la subestimación– del medio; ambas son hijas de la inseguridad individual o colectiva, respectivamente. Por esto conviene insistir en que no es el del poeta un oficio milagroso o sobrenatural o de loquitos o de elegidos. Es una tarea que cumple la gente.

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