Realismo

Tanto el Realismo como el naturalismo nos llevan a mencionar a Francia, ya que de esta nación son los representantes más importantes de ambas tendencias literarias. Los hechos sociales, las manifestaciones culturales, la historia política, se nos presenta fuertemente relacionada; pero pude decirse que la causa que desencadena los acontecimientos más importantes de esta época pueden situarse en el ascenso cada vez más claro de la burguesía. Algunos autores como Hauser en su Historia social de la literatura y el arte, no separan el realismo del naturalismo o el propio Zolá, teórico del naturalismo. Pero es necesario separar estas corrientes, porque la teoría de la novela de Balzac, que representaría a los realistas, es muy precisa y difiere de la teoría de la novela naturalista planteada sobre todo por Emile Zola. Esto sin considerar que en las literaturas hispánicas siempre se ha establecido la separación.

Una definición

 

El termino realismo se refiere a aquellas obras que se basan en hechos reales, en cosas que al artista se le presentan en la realidad. Frente a esta tendencia estaría aquella  en la que el artista se sirve de la imaginación, de la fantasía, tal sería el caso de numerosas obras del periodo romántico. Es por esta razón que se habla del realismo preponderante en la literatura española, que por ejemplo, en el caso del Poema de Mio Cid, se basa en datos reales, mientras que su equivalente francés, el Cantar de Roldán, alterna la realidad con hechos sobrenaturales como son los milagros y apariciones.

Esta tendencia de transformar la realidad en obra de arte se agudiza en forma notable hacia 1830 en Francia. Surge la necesidad de plasmar la realidad social que, se torna cada vez más compleja: el predominio del dinero como valor, la continua ascensión de una clase social a otra que antes no era posible, son dos de los temas constantes en la literatura de esta época: el vehículo ideal para trasmitirlos será la novela que a lo largo del siglo XIX adquirirá cada vez mayor preponderancia frente a otros géneros literarios.

 

Mujer con un rastrillo Jean- Fançois Millet (1857)

Francia

Balzac y Stendhal son los principales representantes del realismo francés y tendrán influencia en toda Europa. Las ideas de Balzac sobre la novela, que expuso sobre todo en el prólogo de su vastísima obra: La comedia humana, nos servirán para desentrañar las principales características de la novela realista.

A partir de las ideas de Darwin y Geoffroy –Saint Hilaire, Balzac  emprende la “comparación entre la humanidad y la animalidad”. Descubre nuestro autor que hay gran similitud entre la sociedad y la naturaleza.  La sociedad actúa sobre el hombre de la misma manera que la naturaleza actúa sobre los animales.

Entre otro autores románticos, Balzac reconoce a un antecesor: Walter Scott, quien al proponerse en sus novelas la reconstrucción lo más exacta posible de la vida y las costumbres de la Edad Media, logra para el pasado, lo que Balzac deseaba hacer para el presente.

Balzac pretendía estudiar las razones o la razón de los fenómenos sociales y captar el sentido oculto de todas las pasiones  y sucesos. Desde su ideología monárquica, Balzac iba a lograr describir estos móviles sociales para llegar a la conclusión, como ya lo había hecho Marx, de que el motor de la sociedad era la lucha de clases, el deseo por alcanzar el poder que concede el dinero. Esto lo logra gracias a su intuición de escritor, a su agudeza de observación y a la fidelidad con que recoge los datos del exterior.

El nombre de Stendhal aparece unido al de Balzac; ambos son, al decir de Hauser, a un tiempo herederos del romanticismo “y sus adversarios más violentos”. Aunque el estilo de Stendhal difiere del de Balzac, su afán por describir a la sociedad los aproxima. La realidad está presente en la obra stendhaliana, no solo gracias a su agudeza de observación de los mecanismos psicológicos del ser humano, sino porque sus temas están tomados de hechos concretos: El rojo y negro tiene como punto de partida un caso narrado en la Gaceta de los tribunales y La cartuja de Parma, una crónica italiana.

Jennifer Jones como Emma Bovary fotograma de la película de Vicente Minnelli (1949)

Flaubert y Madame Bovary

Gustave Flaubert cumple un papel de enlace entre el realismo y el naturalismo. Entre las obras que escribió Madame Bovary representa para muchos el triunfo del realismo, pero además hay varios aspectos que la hacen concordar con la teoría naturalista de Zola. La protagonista de la historia, Emma Bovary, es una mujer provinciana, de la que se apodera un aburrimiento. Su condición femenina dentro de la clase media a la que pertenece, la hace llevar una vida inútil y monótona. Emma Bovary jamás asume su propia realidad ni tampoco se asume a sí misma, vive soñando de manera continua en un mundo distinto, en la posibilidad de llevar a cabo múltiples aventuras, y también de gozar de los lujos y placeres que la situación económica de su marido no puede permitirle. La insatisfacción de la protagonista ha sido plasmada por Flaubert de manera profunda y convincente, que para denotar una personalidad semejante se utiliza la palabra bovarismo. Es pues Emma Bovary uno de los personajes literarios como Don Juan o Don Quijote, que logran captar una conformación espiritual del hombre con gran acierto.

Uno de los pasajes que hacen decir  que Madame Bovary pertenece al naturalismo es el de la descripción de la larga agonía de la protagonista, que se suicida con arsénico.

Inglaterra, Rusia y los paises escandinavos

La Inglaterra victoria aporta escritores importantes a la literatura europea: Trollope, Thackeray, George Eliot y sobre todo Charles Dickens presentan un cuadro muy completo de su país y su época. Los aspectos más negativos de la sociedad inglesa aparecen en las novelas de Dickens, quien sin mostrar una actitud de abierto rechazo a las instituciones de su país, nos da a conocer la situación miserable de las clases desposeídas: Oliverio Twist y David Copperfield muestran la cara de la Inglaterra altamente industrializada y dueña de varias colonias.

El contraste con la crisis social y económica que atravesaba Rusia, hacia los años cuarenta se empiezan a conocer obras de varios escritores de importancia trascendental para la literatura de occidente. En manos de Gogol, Turgéniev y Chejov el cuento cobra un ímpetu extraordinario, en la novela sucede lo mismo a partir de grandes figuras: Tolstoy y Dostoievsky. Su influencia se deja sentir en toda Europa, y sobre todo en Francia –siempre en contacto cultural con Rusia– pues aunque los escritores rusos como los franceses, describen minuciosamente la sociedad de su tiempo, aportaban una característica que los diferenciaba: su interés profundo por analizar la existencia humana. Por ello decía Dostievsky:

“se me llama psicólogo, y ello es falso; yo soy realista sólo en el sentido más alto, esto es, describo todas las profundidades del alma humana”.

También hay representantes en los países escandinavos, destacan Ibsen, Bjorson y Strimberg. La escritura social y el análisis psicológico son los temas centrales que manejan con gran acierto estos autores, que tanta influencia tuvieron en escritores de habla hispana.

Portada de la película de Roman Polanski (2005)

España

La literatura ha sido considerada desde siempre como marcadamente realista; es realista la novela picaresca de los siglos XIX y XVII, y realista es la visión que presentan la mayoría de sus obras.  El autor Benito Pérez Galdós (1843-1920), en su ensayo Observaciones sobre la novela contemporánea en España, como Balzac, considera que la novela debe ser la imagen de la vida y que:

el arte de componerla estriba en reproducir los grandes caracteres humanos, las pasiones, las debilidades, lo grande y lo pequeño, las almas y las fisonomías, todo lo espiritual y lo físico que nos constituye y nos rodea, y el lenguaje, que es la marca de raza, y las viviendas, que son el signo de las familia, y la vestidura, que diseña los últimos trazos externos de la personalidad: todo esto sin olvidar que debe existir perfecto fiel de la balanza entre la exactitud y la belleza de la producción

También en la línea de Balzac está su concepto de la historia:

Esta narradora enfática y algo tocada de delirio de grandezas, nos habla con tenaz preferencia de los altos poderes del estado, de guerras, intrigas y privanzas, de los casamientos y querellas entre familias de reyes y príncipes, dejando en penumbra las profundísimas emociones que agitan el alma social. 

Panorama del realismo en Hispanoamérica

De acuerdo a lo que se ha dicho, las primeras manifestaciones realistas en Hispanoamérica se centran en los inicios de la década del 80, cuando en Francia, España e Inglaterra ya estaban afianzados los nuevos cánones de esta estética.

Hay un hecho insoslayable que tiene lugar en América hacia finales del siglo XIX. Nos referimos al Modernismo, pese a que ambas se proyectan desde concepciones disímiles: las obras modernistas suelen encubrir un sesgo de “evasión de la realidad”, característica que se opone al movimiento que ahora nos ocupa. Precisamente el realismo hispanoamericano, a diferencia de lo que ocurre en Europa, tiene un proceso de desarrollo en medio de otras manifestaciones que alzan en un plano de menos relevancia. El análisis de todo esto, en fin excede las modestas pretensiones que mueven nuestra explicación. Además, por razones de espacio, es imposible transitar por un terreno sutil. Digamos, entonces, que el Realismo en Hispanoamérica tuvo en cada país su propia idiosincrasia, ligada a cuestiones locales –realidades socio-políticas y económicas diferentes– que impulsaron a los autores al tratamiento de una temática acorde con lo circundante. No olvidemos que el escritor realista, más que ningún otro, toma su materia prima de la observación del mundo que lo rodea.

Entre los escritores más destacados del Realismo Hispanoamericano se hallan Alberto Blest Grana (Chile), Tomás Carrasquilla (Colombia), José López Portillo (México), Baldomero Lillo (Chile) y, en las letras rioplatenses, Roberto J. Payró, Florencio Sánchez y Gregorio de Laferrere.

 

En el Río de la Plata

Por supuesto, tanto el realismo como el Naturalismo, encuentran su base de lanzamiento en Europa; en el Viejo Mundo frecuentado hasta el cansancio por algunos hombres de la generación del 80. En efecto, es por ahí por donde ingresa el primer sentimiento hacia los cultores del realismo europeo: en el camino de la narrativa –género preeminente en los escritores realistas– suenan nombres de la talla de Balzac (Francia), Tolstoi (Rusia), Dickens (Inglaterra), Benito Pérez Galdós (España). A la vez, el nombre del novelista francés Emilio Zola abre el surco, algo más restringido, de la estética naturalista. Sería imperdonable omitir de la lista que dimos el nombre de Gustavo Flaubert (Francés, 1821-1880), quien con su f6amosa novela Madame Bovary marcó la línea de partida hacia el Realismo, en una etapa de transición entre esta incipiente escuela y el agotamiento de las formas románticas.

A los últimos años del Romanticismo hay que sumarle la influencia del género gauchesco y, por otro lado, la aparición de la generación del 80, cuyos parámetros estéticos toman posición en el marco de  los rasgos costumbristas que reniegan de las formas demasiado afectadas e idealistas del Romanticismo.

Detrás de estos rasgos costumbristas –junto a los cuales, claro el Romanticismo aún perdura–, emerge el gusto por rescatar cada vez con mayor interés, el modelo de inspiración directamente de la realidad circundante. Una expresión literaria que comienza a bucear, pues, en la necesidad de documentar hechos de la vida política, social, cotidiana. Fuera del estigma de los héroes románticos, interesa recortar la fisonomía de los hombres de carne y hueso que, de por sí, transitan esta vida mostrando virtudes y defectos, alegrías y tristezas, convicciones e incertidumbres.

Mano con esfera reflectante, Litografía (1935)

Captación del mundo inmadiato

Lo que distingue al Realismo, en sus bases estéticas, es la forma de reflejar a través de la pluma el mundo inmediato. Es decir, hay una actitud que privilegia la captación de los hechos cotidianos desde la intención objetiva de rescatarlos tal cual son. Así, la finalidad del escritor realista no es la de promover modelos o recrear fantasías divorciadas de lo posible, sino la de transmitir el universo que lo rodea desde un procedimiento de exposición concreta: en esto, concitan la atención las costumbres, los problemas diarios, las personas del común, los conflictos sociales, los ambientes, las ideas, los detalles.

Por eso, el Realismo rechaza las extravagancias, las figuras heroicas y los temas que imprimen un idealismo o un sentimentalismo afines a la subjetividad de quien las escribe. Dentro de este cause, el género lírico cede su terreno a la narrativa, que parece adaptarse mejor a los fines de mostrar la realidad.

 

 

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