Adolfo Bioy Casares

Vida y obra

Nace el E 15 de setiembre de 1914. A muy temprana edad es iniciado en el mundo de los libros, la lectura y la escritura marcan su infancia. En sus memorias ha hablado de estas primeras lecturas, los cuentos tradicionales infantiles pero también el género fantástico y el policial. Desde Pinocho hasta los enigmas que plantea Arthur Conan Doyle fascinan  su curiosidad y le dejan una marca indeleble en su imaginación.

La formación

Hijo de una familia acomodada de estancieros. Su padre era un gran apasionado de la literatura como lo recuerda Bioy en sus memorias: «Papá entendía de campo, pero le gustaba ser escritor y dejó dos tomos de recuerdos muy lindos anteriores al 900». Por la línea materna desciende de Vicente L. Casares, fundador de la empresa láctea La Martona y poseedor de grandes extensiones de campo en la zona de Cañuelas y Tandil, también de la pampa bonaerense. Su madre se llamaba Marta Casares y de ella el escritor ha recordado su atracción por el cine y la presencia de un espejo veneciano tridimensional que había en el vestidor de su dormitorio, el que junto a su propia atracción cinéfila, ha reconocido como una de las motivaciones de la preeminencia de lo visual en su novela La invención de Morel (1940).

Su padre le hizo las primeras correcciones y lo ayudó a publicar su primer libro a los 15 años titulado Prólogo (1929) y también quien pagó su edición en la imprenta Biblos. Un año antes había escrito un relato titulado Vanidad, o una aventura terrorífica (1928).  Desde adolescente están presentes los gestos  del policial y el terror, los que van a caracterizar toda su obra a partir de La invención de Morel, en 1940, el primer libro que Bioy va a reconocer y asumir plenamente como suyo en su trayectoria literaria.

 

En 1932 conoce en la casa de San Isidro de Victoria Ocampo a Jorge Luis Borges y comienza una larga amistad en la que compartirán una misma elección poética literaria y ficcional. Una nueva visión de lo fantástico, basada en el artificio y lo conjetural como lo ha llama el escritor y crítico literario Carlos Gamerro, la “ficción barroca”. Comparten mucho como lo cuenta también en sus memorias Bioy:

«Teníamos una compartida pasión por los libros. Tardes y noches hemos conversado de Johnson, de De Quincey, de Stevenson, de literatura fantástica, de argumentos policiales (…), de teorías literarias, de problemas de traducción, de Cervantes, de Lugones, de Góngora y Quevedo (…), de Macedonio Fernández, del tiempo, de la relatividad, del idealismo, de la Fantasía metafísica de Schopenhauer…».

 

lo fantástico según bioy, borges y silvina

En 1940, Bioy, Borges y Silvina Ocampo publican la Antología de la literatura fantástica. Un  libro  fundamental para entender el proceso de renovación del género fantástico que va a llevar a cabo Bioy Casares en coautoría con estos escritores amigos. Él no sólo participa en la búsqueda, traducción y compilación de los textos narrativos que incluyen en esta muestra del género, sino también que es el autor del prólogo, en el que realiza un recorrido histórico del género fantástico y ensaya una posible categorización de sus variantes temáticas y procedimientos literarios.

La antología agrupa autores contemporáneos como Wells, Kafka y James, se publican también algunos relatos de escritores argentinos, como Macedonio, Silvina Ocampo y Borges, quien agrega su cuento «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius». La inclusión de estos autores locales termina de conformar el manifiesto alejándolos de los aspectos más tradicionales y anglosajones. Si bien el género tiene un origen popular y de recepción amplia es redirigido a un lector de importantes competencias culturales que, como dice Bioy, debería tener la inteligencia equivalente a la de un escritor o un crítico literario.

 

La traducción apropiación de los modelos del fantástico moderno que expresa la Antología implica también la decisión estética de Bioy, Borges y Ocampo de adoptar una modalidad del fantástico que se diferencie de la tradición nacional del género de carácter «cientificista, psicopatológica o de extravagancia modernista», como señala Noé Jitrik, es decir, de la variante fantástica representada en las obras de Eduardo Holmberg y Leopoldo Lugones, referentes anteriores de la iniciación del género en la literatura argentina.

 

Una estética de la invensión

Bioy realiza con Borges otras selecciones de relatos fantásticos, policiales y escribe notas preliminares a algunas reediciones de algunos autores clásicos. Puede mencionarse, entre otros textos, a Los mejores cuentos policiales (1943); Cuentos breves y extraordinarios (1955) y sus ensayos incluidos luego en su libro La otra aventura (1983).

La invención de Morel va a ser su primera novela y la que va a tener una buena recepción crítica en su momento y un reconocimiento sobresaliente como uno de sus mejores libros dentro de su producción narrativa. La preeminencia de lo visual, de la imagen en esa novela, revela la influencia del cine, uno de los fenómenos de la invención técnica de esa época.

Otra novela, Plan de evasión (1945) que Bioy escribe durante esos años difíciles de la Segunda Guerra. Las perspectivas narrativas adquieren aquí una mayor amplitud que en la novela anterior. También escribe a cuatro manos con  Silvina Ocampo la novela policial Los que aman, odian (1946) y las ficciones paródicas que escribe con Borges y firman como Bustos Domecq y Suárez Lynch. Es la época en la que, también con Borges, dirige la colección de novelas policiales El Séptimo Círculo para la editorial Emecé.

 

Desde el espacio de las islas al ámbito barrial de Buenos Aires

En 1954 con la novela El sueño de los héroes, sin apartarse de lo fantástico, abandona las islas utópicas de sus novelas anteriores y erige su historia en el ámbito de Buenos Aires. Una geografía barrial porteña, descripta con precisa verosimilitud, se entremezcla con situaciones inusitadas y fantásticas. El empleo del lenguaje coloquial y el manejo irónico de ciertos mitos porteños y nacionalistas abren otra perspectiva de su narrativa.

En otras dos novelas siguientes, Diario de la guerra del cerdo (1969) y Dormir al sol (1973) nuevamente Bioy elige Buenos Aires.

En 1956, Bioy publica un libro de cuentos significativo, Historia prodigiosa. En el relato que da nombre al volumen encontramos una dimensión satírica desbordante y fluida, respecto a las supersticiones y a las convenciones de las creencias en milagros y herejías, en mitos y leyendas. Lo sobrenatural, la perturbación de lo fantástico se amalgama en estos textos con un tono incisivamente burlesco.

En la misma década, edita Guirnalda con amores (1959), un libro muy original dentro de la producción de Bioy, sobre todo porque introduce relatos breves en los que conjuga casi siempre historias y situaciones donde el amor es un eje temático central, y agrega breves misceláneas narrativas y reflexivas. Lo fantástico es desplazado a un segundo plano, pero sin duda el predominio de lo sentimental siempre se desarrolla en una atmósfera extraña y paradojal.

En los libros que publica a partir de la década de 1960, si bien lo fantástico suele ser un signo presente, se va a ir acentuando la presencia del humor y la modalidad paródica. En el relato «Los afanes», de El lado de la sombra (1962), aunque escrito antes, por su temática puede vinculárselo con la novela Dormir al sol (1973). Bioy satiriza en este texto la retórica y los mitos de los intelectuales positivistas: su atracción por el espiritismo, así como a la literatura conexa con sus tópicos de invenciones y fantasías.

En su libro siguiente, «El héroe de las mujeres» (1979), Bioy elige para el cuento que da título al libro, el ámbito rural, el distanciamiento humorístico y logra satirizar con su habitual maestría algunos tópicos de la literatura fantástica, especialmente en la que desarrolla en sus primeros textos.

 

Sin embargo, en la narrativa breve puede distinguirse la continuidad en su estilo y en la utilización de ciertos procedimientos de la escritura, como el original desenvolvimiento del diálogo, las voces alternadas de narradores en primera persona tan reconocibles de esa polifonía narrativa que utiliza en sus ficciones; como así también la presencia de lo fantástico y su recurrencia a los conflictos amorosos que caracteriza a su obra y lo coloca entre los escritores de la mejor narrativa del siglo XX.

El período tardío de la producción de Bioy estuvo lejos de la repercusión de obras anteriores; en contraparte, fue en esos años en donde se sucedieron los reconocimientos más importantes. En 1985 aparece su última novela, La aventura de un fotógrafo en La Plata. De tema kafkiano, con frecuencia ha sido leída como una alegoría de los desaparecidos durante la dictadura militar que gobernó el país entre 1976 y 1983, durante dicho gobierno de facto Bioy Casares presenciaría una ejecución extrajudicial en la calle. En 1986 publica el libro de cuentos Historias desaforadas. Es declarado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires y en 1990 recibe dos importantes premios en reconocimiento a toda su trayectoria: el Premio Alfonso Reyes y el Premio Cervantes, el máximo galardón de las letras castellanas. Publica ese mismo año Una muñeca rusa y más tarde la novela corta Un campeón desparejo. Su obra narrativa le valió diversos galardones, como el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). Se lo distinguió como Miembro de la Legión de Honor de Francia (1981).

 

ultimos años

 

Una caída que le provocó una doble fractura de cadera en 1992 pareció anticipar una serie de hechos trágicos, ya que poco después sufrió la pérdida de su esposa (el 14 de diciembre de 1993, víctima del mal de Alzheimer que la tuvo postrada durante tres años) y de su hija Marta (el 4 de enero de 1994, al ser atropellada por un auto).

Por esa época empieza a frecuentar a su hijo Fabián, a quien reconocería oficialmente en 1998, y ve más seguido a su nieto Florencio, quien lo acompañó en sus últimos años.

Finalmente falleció el 8 de marzo de 1999, a los 84 años, a consecuencia de una falla multiorgánica derivada de su deteriorado estado general. Fue inhumado en la bóveda de su familia en el Cementerio de la Recoleta, donde también reposan los restos de su esposa y su cuñada. Hasta poco antes de su muerte trabajó en la selección y corrección de páginas de sus diarios (que llevó durante medio siglo) con la ayuda de Daniel Martino a fin de editar un volumen dedicado a su amistad con Borges, que finalmente se publicó, con casi 1700 páginas, en 2006.

 

 

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